El Santo de Fuensanta

El Santo de Fuensanta

Por: Fuensanta Zertuche

Desde 1965, el Santo fue mi muso, esto sucedió aproximadamente cuando me inicié como actriz y vedette.
Porque así como hay quien piensa en la virgencita de Guadalupe cuando va a iniciar una acción importante, así yo pienso en el Santo, y cada vez que salgo a decir algún texto teatral, cuando tengo que resolver algún litigio o cuando estoy en una audiencia legal me digo: A partírtela, Fuensanta, y a ganar como lo hacía el Santo.
La similitud que existe entre un actor, un abogado, una vedette y el Santo, es increíble; todos se enfrentan a un público para partírsela, para ganar-no queda de otra-. Recuerdo morbosamente ese movimiento de su capa y sus caderas al caminar hacia el ring. El parado agresivo, dominante y sensual. Las coreografías y el colorido brillante de su figura como diciendo “aquí estoy”.
Yo no sé de luchadores, pero sí tengo la experiencia de muchas horas de ensayo, y creo que así como a mí me dolían los pies de tanto bailar o la garganta de tanto repetir una escena teatral, tras horas y horas de ensayo, aquí el Santo tuvo que pasar las de Caín en sus prácticas diarias de ejercicio. Ésta creo es otra similitud entre el oficio de luchador y el de una actriz como yo, quien al momento de seleccionar el vestuario nos envolvemos en un halo de magia maravilloso.
Recuerdo que fue en 1983, un año antes de la muerte del Santo, cuando el director de cine José Bill me invitó a participar en la película Adiós ídolo mío.
La historia giraba en torno al Santo. En ella el director antes mencionado intentó desmitificar a la leyenda en que se había convertido mi muso, yo personifiqué a la amante del luchador. Escena tras escena se mostraba un Santo decadente. El hijo y heredero del luchador ha manifestado en diversas ocasiones su inconformidad ante nuestra película.
A mí como actriz me pareció interesante el argumento de Adiós ídolo mío porque la realidad de la vida es así, pues el glamour que utilizamos en el escenario nada tiene que ver con las mañanas frías y depresivas, o el estrés ante el paso del tiempo que inexorablemente nos hace envejecer aún en contra nuestra. Acepté colaborar en dicho guión cinematográfico por la admiración que tuve, tengo y tendré al gran ídolo de la lucha mexicana. Como ya dije antes era mi muso y mi motivación; además hay que recalcar que José Will posee un talento ácido, transgresor y vanguardista como cineasta- en su época, claro está- En fin, parece que fue ayer. Tan cierto como triste, pues la cinta no gustó a los seguidores del Enmascarado de Plata…
No importa, uno como artista debe estar siempre preparado tanto para el éxito como para el fracaso. Hoy, después de 25 años de esa experiencia cinematográfica, me resta decir no adiós, ídolo mío, sino hasta pronto, ídolo mío. Y mientras llega el momento de encontrarnos frente a frente mi muso y yo, me sigo diciendo a cada paso y momento de mi existencia: A luchar, Fuensanta, y a vencer al papel blanco, a triunfar en el escenario teatral, a ganar litigios pendientes que no hay de otra… a luchar como el Santo.

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