El clarín jilguero

El clarín jilguero

Profr. Juan Vidal Castillo
Las vocalizaciones de las aves son una forma de comunicación a distancia que puede transmitir diversos mensajes a los miembros de su especie e incluso a los de otras especies en diversos contextos ecológicos, reproductivos, conductuales y evolutivos.

 

 

Los llamados por ejemplo, son empleados por los adultos e inmaduros en cualquier época del año, mientras que los cantos son generalmente producidos por los machos durante la temporada reproductiva para atraer a la pareja y defender su territorio.

 

 

Pero hay de voces a voces…En esta ocasión le toca el turno al clarín, un pajarillo cuyo nombre es similar al de aquel instrumento metálico de viento.

 

 

Fue llamado así quizás porque su canto que resulta parecido sonido producido por el segundo comandante o corneta de órdenes en la banda de guerra.

 

 

A decir de algunos conocedores la melodía que nos regala es una de las mejores terapias antiestrés que existen.

 

 

Suele cantar al amanecer, al atardecer y durante todo el día si está nublado y su voz se traduce en un “chip chip” corto y uno muy largo que representa que lo hermoso no es lo de afuera sino lo de adentro. Por ello es pájaro de los nueve cantos.

 

 

Dicen quienes se definen como conocedores de voces ornitológicas: “Es difícil describir su canto, pues es verdaderamente complejo. Sin embargo encontramos que su campana acústica regularmente entra de súbito y desarrolla irregularmente para desaparecer también de súbito mientras el cascabel inicia con timbrados acelerados y crecientes para desarrollar a un momento que decrece en intensidad y se extingue…”

 

 

Su talla va de 20.5 a 21.5 centímetros de longitud total.

 

 

En cuanto a su policromía su cabeza y vientre son de color gris a blanquecino, y las plumas dorsales son café olivo con puntas pardas y más oscuro en las alas, no existe dimorfismo sexual, es decir que no hay diferencias entre hembras y machos.

 

 

Tiene un amplio rango de distribución en nuestro país y se encuentra presente por encima de 1000 metros sobre el nivel del mar en casi todos los estados a excepción de Tabasco y la península de Yucatán.

 

 

Sus hábitats son los bosques de pino-encino húmedos a semiáridos, bosques mesófilos de montaña, bosques perenifolios, semideciduos, bosques tropicales perennifolios de tierras bajas, frecuentemente a lo largo de arroyos, obvio que es un morador emplumado más de la reserva ecológica Sierra de Álamos-Río Cuchujaqui.

 

 

Los bosques mesófilos son ecosistemas naturalmente frágiles y la tala inmoderada los ha reducido en al menos 50 por ciento de su extensión original, debido, principalmente, a la apertura de tierras para la agricultura, las actividades ganaderas y la expansión de los centros urbanos. Adicionalmente, los bosques templados también se han reducido en aproximadamente 40 por ciento de su extensión original.

 

 

HUEVOS
Produce 4, a veces 3 ó 5, rara vez 6 y el color de su cáscara va desde blancuzco a azul pálido, con manchas de color gris claro superpuestas con otras de color café oscuro. Se desconocen los detalles de la incubación; el periodo de incubación dura aproximadamente 11 días.

 

 

CRÍA
Ambos padres alimentan a las crías. Las crías abandonan el nido unas 2 semanas después de la eclosión.

 

 

DIETA
Se alimenta de varios insectos, en especial durante el verano, como escarabajos, orugas, hormigas y chinches; también ingiere arañas y otros invertebrados. Durante el invierno, la mayor parte de su dieta puede estar compuesta por bayas y pequeños frutos, como los de enebro, muérdago, almez y otras plantas.

 

 

NIDIFICACIÓN
El macho defiende el territorio cantando, usualmente desde un posadero alto; y a veces, en pleno vuelo.

 

 

Su nido puede construirlo sobre el suelo, en depresiones poco profundas que se forman en bancos de tierra o surcos en los caminos, en grietas en acantilados, debajo de troncos o tocones, o entre raíces expuestas, es decir, en sitios resguardados y con algún tipo de cubierta. A veces lo ubica en huecos de árboles muertos, a unos pocos centímetros del suelo. El nido tiene una ligera forma de cuenco abierto, y está compuesto por ramas pequeñas, hierba, pinocha y corteza, y recubierto por hierbas más finas.

 

 

Cuando estos ejemplares viven en cautiverio reciben alimento variado (mosco, plátano macho o plátano pera, maíz molido o purina) procurando que el plumífero esté libre de corrientes de aire, sin exponerlo al sol.

 

 

Otra especie muy similar es el Myadestes unicolor (el clarín o solitario unicolor); que, a diferencia del primero, no tiene la coloración café en el plumaje de sus alas y es más apreciado como ave de ornato por su melodioso canto.

Esta es la leyenda de una hermosa joven maya que prefirió morir antes que casarse con un cruel y desalmado príncipe guerrero.
Cuenta la leyenda que en la zona del Atlántico de Guatemala, en lo que hoy es el departamento de Izabal, se estableció hace cientos de años una tribu maya de poderosos guerreros y bellas doncellas.
Entre ellos, había un príncipe guerrero muy cruel llamado Batsú, que lideraba un poderoso ejército y había ganado más de 100 batallas. Batsú era temido y respetado en toda la tribu, y había acumulado grandes riquezas a través del pillaje de las tribus vecinas. En el corazón de la mayoría de las doncellas vivía la esperanza de ser la elegida por Batsú el día que se casara.
Pero la más hermosa de las doncellas, llamada Jilgue, despreciaba a Batsú por las atrocidades que había cometido.
Jilgue tenía una hermosa piel morena clara, ojos cafés y cabello liso marrón oscuro.
A Jilgue le gustaba pasear por el bosque cantando como un pajarillo mientras recolectaba frutos.
Un buen día, Batsú decidió buscar esposa y escogió a Jilgue. Los padres de Jilgue, temerosos por su vida, aceptaron casarla con el despiadado príncipe.
Pero ella se enteró de las intenciones de Batsú y huyó para esconderse en el bosque.
Cuando los padres de Jilgue le dijeron a Batsú que la joven había desaparecido, estalló en cólera y organizó cuadrillas de guerreros para ir a buscarla.
Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se acercaban al sitio de donde venía el canto, Jilgue volvía a desaparecer.
Enfurecido, Batsú mandó a quemar el bosque. Cuando las llamas comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si salía y se casaba con él podía salvarse. Ella le respondió que prefería la muerte.
El fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto vieron como Jilgue caía al suelo inconsciente. Mientras las llamas consumían su cuerpo, un pajarillo color ceniza, con el pico y las patas rojas, comenzó a cantar sobre la cabeza de Batsú.
No era el canto de un pájaro, era la voz de Jilgue, que siguió y atormentó a Batsú hasta el día de su muerte.
Se dice que desde entonces nunca más nació en Guatemala una mujer indígena tan bella como Jilgue, cuya voz se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan los bosques de nuestras tierras.
Les deseo un domingo lleno de alegría, buen humor, amor y felicidad.

Dejar un Comentario