Las crónicas de… Oyen campanadas y no saben

Las crónicas de… Oyen campanadas y no saben

Por: Ángel de Campo, Micrós

El discurso que en 16 de septiembre de 1861 pronunció D. Ignacio Ramírez en la Alameda de México, es la primera pieza oratoria que se haya lanzado a las multitudes en América, no sólo por la grandeza del estilo, no sólo por la grandeza del estilo , digna de las rostras antiguas, no sólo por el vigor olímpico de sus arranques, sino también por su acendrada verdad histórica sobre la cual tejió el tribuno con imprecaciones y rayos del recuerdo de nuestra epopeya nacional:¡Y en esa arenga sin ejemplo, se evoca el toque de arrebato que conmovió al pueblo de Dolores la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Pero la campana Joseph no tocó intencionalmente a libertad como quieren muchos anticipadores a los sucesos, el esquilón de la iglesia no dio un grito de Dolores, tampoco respondió como la campana de Filadelfia a la conclusión del acta que redactara Jefferson y fue el documento de independencia del pueblo americano; la metáfora, empero, da intenciones y da significado a un tañido lento, intermitente, que llamaba no a la rebelión sino a la misa.
La campana y la torre han de figurar en todas las epopeyas, porque son imagen para uno de la voz divina, para otros el resumen de los gritos del pueblo; ellas dominan a la ciudad como vigilantes, ellas desde lo alto lloran sus duelos y cantan sus victorias, ellas congregan a la oración y al recogimiento cuando llega la noche, y son la primera nota de la diaria faena cuando surge la aurora: no hay revoluciones silenciosas, está en el organismo de los hombres acompañar en los trances supremos sus terrores o sus arrebatos con un sonido que domina al himno, y que domina la exclamación: un repique, un repique que ora en la imprecación a los cielos pidiendo piedad, ora un hossana de embriaguez y de júbilo.no se celebró debido a que se hizo prisionero al sacristán
No se trae esa campana de Dolores porque Hidalgo la haya tocado, no era el sacristán de la iglesia; se la trae porque el domingo 16 de septiembre de 1810 llamó a misa más temprano que de costumbre, dice Alemán, se la trae porque convocó a los labriegos que sin llegar al templo se conviertieron en guerreros arengados en el atrio, pues el sacrificio no se celebró debido a que se hizo prisionero al sacristán padre Bustamente porque era europeo; Hidalgo, en su declaración ante el Santo Oficio, así como Aldama, no aluden a repique alguno limitándose a decir que por ser día festivo el 16 había venido mucha gente campesina al templo, pero es verosimil que iniciado el levantamiento, apresados, los españoles, armados los insurrectos, libres los presos, excitados los ánimos al grito de rebelión haya acompañado es manifestación de los movimientos populares que se llama repique.
Metafórico es también llamar anciano al cura de Dolores que como el general Lalanne lo ha dicho y con razón, no era un octogenario, ni mucho menos metafórico es llamar la noche del 15, pues tal noche no hubo nada notable en Dolores, sino hasta la madrugada del día 16, que Aldama llegó a ese pueblo junto con el enviado de doña Josefa Ortiz de Domínguez, corrregidora de Querétaro.
Pero de todos modos la campana en cuestión es auténtica, y recomiendo para que se aclare este punto un reportazgo que don Gabriel Villanueva publicó en El Nacional (viernes 22 de noviembre de 1895) reportazgo abundantes de datos utilísimos y que corrobora la ignorancia que desgraciadamente impera en cuanto se relaciona con la historia patria.
¡Estas discusiones sobre los héroes y sus hechos son vergonzosas! indigna que se prohíjen en la prensa los disparates que ven la luz pública cuando se trata de esclarecer un punto de la índole del que hoy trae intrigados a los gacetilleros, indigna que no se tomen el trabajo de consultar los documentos impresos- colección de Hernández Dávalos por ejemplo- que no sólo ponen a los héroes de 1810 ó 1821 en el lugar que les toca,sino que desvanecen las leyendas y confunden a los calumniadores del jaez de Alamán, que con mocha mala fe pretendieron apocar su memoria.
Y entretanto nuestras glorias como en nuestras vergüenzas, el mismo son de siempre, oímos campanas y… aseguramos que son flautas.

Dejar un Comentario