Entre agua y fuego… El lado oscuro

Entre agua y fuego… El lado oscuro

Por: Magda Irma Palomares

Marca el reloj las dos de la mañana.
El lado derecho de tu cama permanece vacío.
La temperatura te parece sofocante y te levantas para abrir la ventana que deja al descubierto el esplendor de la luna, que imaginas te mira con burla.
Hace tanto tiempo que él y tú olvidaron la emoción de mirar la belleza de la luna y los astros, sustraídos a otras emociones ajenas a ilusiones y sueños.
El reflejo de la luz en tu anillo que recibiste como culminación a tu felicidad de mujer enamorada te permite evocar otra etapa, donde el amor, en medio de caricias furtivas, era plenamente disfrutado entre frases y promesas que hacían que el tiempo se encogiera.
Un llanto infantil te saca de tu abstracción y después de cumplir tu función de madre, retornas a la ventana dejando el intento de atrapar el sueño que huye entre la vorágine de tantos pensamientos que te llevan al pasado, para no caer en la desesperación del presente.
Te parece cruel la persencia de una realidad incruenta en tan breve tiempo. Sientes que el amor se hunde entre ausencias injustificadas, reclamaciones hirientes, períodos de silencio que destruyen la imprescindible comunicación y aceptas que el tiempo se va alargando haciéndose insoportable ante la ausencia de actitudes conciliatoiras, permitiendo la oscura aparición de la intolerancia.
Ya no puedes acpetar los pretextos para la ausencia de él que se va haciendo costumbre en el hogar, junto al olor nauseabundo a licor que se acentúa en los retornos por la madrugada, cuando ya ni reproches son necesarios ante lo inevitable,.
Te preguntas hasta donde te acompañará la resistencia que se escapa momento a momento de tu capacidad de espera, que ya marcan en tu rostro huellas prematuras de cansancio.
Habías oído hablar sobre las caretas que algunas personas gustan de usar y te hiere el descubrimiento de una, cerca de ti.
Van a hacer las ters de la mañana.
La luna se aleja poco a poco y piensas que sería interesante descifrar, como en los seres humanos, el lado oscuro de la misma.

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