Eliminando recuerdos (1)

Eliminando recuerdos (1)

Por: José María Ruiz C..-

La imagen era nítida y persistente. Ella se encontraba en su habitación acostada sobre la cama. Tenía siete años de edad. Era la hora de madrugada en que algo la despertaba, no sabía bien qué era, pero se había acostumbrado a sobresaltarse a la misma hora casi todas las noches. De pronto una figura de un hombre adulto se introducía al cuarto y se recostaba junto a ella. Entonces iniciaban las caricias y los susurros amenazantes. Un miedo atroz le recorría la espina dorsal, le paralizaba el cuerpo y le impedía gritar.
Dimitra vivía con este recuerdo que, al evocarlo, siempre la dejaba con una desazón y un sentimiento de culpa que le secaban la boca y la perturbaba por largos momentos. Pero en los últimos meses la recurrencia se había incrementado y se despertaba de madrugada, bañada en sudor, a mitad de una pesadilla en la que imágenes de sombras violaban una y otra vez a aquella niña que era ella misma. En el sueño, veía su propio pequeño rostro con unos ojos tan grandes que parecían salirse de sus cuencas.
Actualmente tenía un esposo al que amaba y era plenamente correspondida; tenían una hija adolescente quien era su razón de vivir. Dimitra era una reconocida experta en programación y trabajaba a distancia para una empresa aeroespacial. Ya habían pasado treinta años desde aquellos terribles hechos que marcaron su vida. Durante su juventud creyó haber superado este episodio, pero se dio cuenta de que la herida seguía abierta, como si todo hubiese ocurrido la noche anterior. Buscó ayuda. Tuvo interminables sesiones de psicoterapeutas para eliminar estos recuerdos, pero sólo se iban por algunos meses y las imágenes regresaban con mayor fuerza. También acudió a terapias de medicina alternativa como biomagnetismo, iridología, acupuntura, reflexología y sesiones de hipnosis profunda. Nada le había funcionado.
Esa mañana, después de haber vivido una vez más la pesadilla, recordó una pequeña tarjeta que le había dado un especialista, quien la trató médicamente por un tiempo sin resultados exitosos. “Toma, por si alguna vez lo consideras necesario”. Le había extendido la tarjeta de presentación de una compañía encargada de eliminar recuerdos. Era algo todavía nuevo en aquel país primermundista. Existía mucha investigación al respecto pero los ciudadanos comprendían que había algunos riesgos al someterse a dicho tratamiento.
Después de pensar mucho sobre el tema, llamó a la empresa y sacó una cita para el día siguiente. Por la mañana se levantó con una espantosa jaqueca. Había tenido la misma pesadilla, provocada por el maldito recuerdo de aquellos lejanos hechos. Sin comunicarle a nadie de su familia sobre lo que pensaba hacer, se presentó a la hora acordada en la Compañía Eliminando Recuerdos. Una afable señorita, equipada con una perfecta sonrisa y con un juvenil rostro cuidadosamente maquillado, la recibió amablemente y le entregó una revista que ilustraba los servicios que allí se proporcionaban.
Tomó la revista con cierta desconfianza. En la portada vio una fotografía de una pareja tomados de la mano que reflejaban una felicidad inigualable. Hombre y mujer sonreían a plenitud. Al pie de la foto se leía: “¡Olvídese de los malos recuerdos! Aquí le proporcionamos la tranquilidad que usted necesita. Conserve sólo aquellos recuerdos que lo hagan feliz. ¡No tiene que sufrir! Extirpamos sus malos recuerdos con una precisión nanométrica y sin dolor alguno. ¡Pregunte a nuestros asesores!”
Dejó la revista en la mesa de centro con cierto nerviosismo. En un breve lapso fue llamada por la recepcionista y pasó a un impecable consultorio de blancas paredes y fino mobiliario. Detrás del escritorio se encontraba un joven que mostraba una amabilísima sonrisa, al tiempo que se persentaba como el neurólogo especialista en eliminar aquellos nefastos recuerdos.
Dimitra le comentó el motivo de su visita. El joven médico le realizó una breve entrevista y la pasó a la Cámara de Exploración de Recuerdos. La recostó y le conectó algunos electrodos que fijó al cráneo de la mujer. Le informó que se haría una prueba para verificar si era una candidata para someterse al tratamiento. Le pidió a Dimitra que trajera a su memoria ese recuerdo que tanto la perturbaba, mientras él veía en una pantalla una imagen del cerebro en la que aparecían destellos de variados colores en ambos hemisferios.
Después de quince minutos de revisión, el médico, sin ningún asomo de duda, arrojó su veredicto:
-Usted sí es candidata para someterse al tratamiento. Considérese una afortunada. Si gusta llenamos el papeleo necesario y hoy mismo le solucionamos su problema. (Continuará).

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