Que tiene sabrosura el minicuento…

… que hallamos anclado en un fax del diario, ni duda cabe y nos pinta escenas de la época de Nerón en Roma, de los gladiadores romanos, del Coliseo, etc., pero en esta ocasión, no se refiere al sacrificio de esclavos en el coliseo romano, sino a una experiencia de un gladiador, corría fama de ser tremendamente enamorado, sobre todo dueño de una impresionante virilidad, capaz de sostener relaciones sexuales con varias mujeres, en forma consecutiva, algo así, cual dirían las manos caídas: ¡Una chulada de macho!, pero algo hizo que disgustó al emperador y Nerón dijo que sólo una demostración pública de su destreza y virilidad, le perdonaría la vida y puso como condición que el gladiador usaría cien mujeres de las más bellas, ahí en el circo romano y si completaba el ciclo quedaría liberado.
Se montó el espectáculo en el centro del circo, lleno a reventar como las peleas de Julio César Chávez, se colocó una gran cama en el mero centro del circo y el gladiador inició su faena. Le fue fácil despachar a las primeras ochenta, pero al llegar a la noventa y dos, se veía desfalleciente, cansado, tirado al catre. Sin embargo, siguió peleando por su vida y alcanzó a satisfacer a la número noventa y nueve: Pero cayó herido de muerte, ya no pudo más, se rindió y en ese momento, cuando sólo le faltaba la número cien, del fondo de la gradería salió un grito estridente, amargo, impresionante: ¡Eres un pinche maricón!…

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