La lección de Kassandra

La lección de Kassandra

Ayer el Poder Judicial del Estado se vio obligado por la presión social y mediática a tomar una decisión que me parece correcta, justa y que quizá se tardó de más liberar a la joven Kassandra Gil Urías de la prisión, ya que se encontraba sujeta a proceso tras las rejas por el absurdo de haber estado en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

 

 

Al final Kassandra era una víctima propiciatoria, una suerte de chivo expiatorio de un sistema que el que busca es ejemplarizar la justicia, de modo que quede claro que hay mano dura y cero tolerancia para quienes incumplan con la Ley, un mensaje que me parece pertinente para un Estado como Sonora que por años había estado sumergido en la impunidad, sin embargo creo que en este caso hubo un serio error de cálculo al tomar a una persona que está en el extremo de la vulnerabilidad como para ser un paradigma de que en Sonora las leyes se cumplen.

 

 

Imagine usted, se trata de una mujer, de 22 años, mamá soltera y que debe trabajar para sostenerse a sí misma y a su pequeño hijo, además de aportar dinero para su familia, y que encima trabaja por un bajo sueldo.

 

 

Al revisar esos antecedentes tengo que concluir que se les pasó la mano tanto a la Fiscalía General del Estado, como a los agentes de la Policía Ministerial del Estado y al juez que dictaminó la formal prisión Jesús Alejandro Bojórquez Osorio, porque no es lo mismo darle de balazos a un machetero que incluso atenta contra la vida de los agentes de orden y los ciudadanos, que meter a la cárcel a una madre soltera.

 

 

No lo es en un Estado en donde la violencia de género persiste como un grave problema social y en el que la jefa del Poder Ejecutivo ha pedido que se atienda la situación, se busquen alternativas y salidas y que se den oportunidades a las mujeres.

 

 

Debo decir que estoy de acuerdo con el principio que movió al Poder Legislativo a reglamentar e incluso penalizar a las casas de empeño y yunques, pues ese tipo de establecimientos se convirtieron en los últimos años en la mano que detiene la pata de la vaca que los delincuentes comunes matan todos los días, es decir ellos al ofrecer dinero a cambio de artículos robados, terminaron por incentivar la proliferación de la delincuencia común.

 

 

Los raterillos de barrio, los adictos a las drogas, encontraron en ese tipo de lugares el escenario para vender rápido y obtener efectivo fácil, los productos robados en esos asaltos a casa-habitación e incluso en robos a mano armada, e incluso los nombres de los negocios al estilo “Easy Money”, y “Fast Cash” comenzaron a motivar la incidencia del delito.

 

 

El detalle es que lejos de criminalizar a los vándalos, todo indica que el objetivo fue penalizar a los empleados de esos establecimientos, no a los dueños que en algunos casos son corporaciones internacionales como Standard & Poors, o dueños como el ex presidente Vicente Fox, ni siquiera a los gerentes, sino a los empleados de mostrador, con el argumento de que ellos son quienes tendrían que ser el filtro y por lo tanto los garantes de que no haya artículos robados en esas transacciones.

 

 

Ahí es donde estuvo el error, porque no es admisible que a personas humildes, de la clase trabajadora, se les cargue con la culpa de una situación que tiene que ver con un profundo problema social como es el abuso de drogas y que ahora en Sonora muestra su peor expresión, que es la de grupos de adictos delinquiendo en la calles a fin de satisfacer su necesidad de drogarse.

 

 

Hace 3 días la presidente de los Centros de Integración Juvenil, Kena Moreno, lanzó la alerta, la drogadicción y el abuso de sustancias como el alcohol está en aumento en Sonora y esto trae consecuencias serias al tejido social, una de ellas es la delincuencia rampante que viven las mayores ciudades del Estado, la otra es el aumento en la violencia contra las mujeres y otros grupos vulnerables que se ha generalizado.

 

 

Creo que aquí la recomendación, más allá de las estrategias reactivas que en el caso de Kassandra están en el foco, pero también en lo que ocurrió hace unos meses con los famoso “macheteros”, necesitamos estrategias preventivas, es decir buscar cómo hacer que nuestra sociedad se desintoxique y se deshaga del asunto de la drogas como vía de salida a los problemas y frustraciones sociales.

 

 

Ahora es afortunado que el juez Bojórquez Osorio le haya bajado un par de rayas a su enfoque y haya determinado liberar a Kassandra, pues el tema se estaba convirtiendo en un auténtico conflicto que ponía en entredicho el trabajo de los 3 poderes del Estado en su conjunto y creo que —parafraseando a la gobernadora Pavlovich— el horno no está para bollitos.

 

 

 

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