Los gobernadores y el TLC

Por: Demian Duarte

 

Todo parecía ir bien en la renegociación del Tratado de Libre Comercio, con ciertos tropiezos en la primera ronda, precisamente porque los anfitriones estadounidenses, consideraron que el escenario de Washington DC era el propicio para comenzar a poner sus condiciones, nada del otro mundo, cambiar algo en las reglas de origen, insistir en estrategias para reducir el déficit que enfrenta ese país, presiones sobre el apartado 19 y la resolución de controversias y algo de controversia por la situación laboral que enfrentan los obreros mexicanos.
Ni uno de esos temas es menor, sin embargo, ninguno de ellos representa obstáculos insalvables, el detalle es que debió llegar el día 22 de agosto y tener Donald Trump a un acto de campaña (si desde ahora) al centro de convenciones de Phoenix para que las pasiones se desataran, porque el presidente número 45 de los Estados Unidos, encontró el mercado y el momento propicio para lanzar un mensaje en donde en pocas palabras mencionó que no ve viable (y lo dijo como apreciación personal, no de manera oficial) que se renueve el Tratado.
Y mire, aquí es importante ver el contexto antes de tocarle las golondrinas al acuerdo comercial, Trump estaba en el centro de convenciones de Phoenix, entre un grupo de partidarios suyos, muchos del Partido Republicano, otros tantos incluso más radicales, que están convencidos de que el acuerdo comercial con México y Canadá les ha robado sus empleos y es el culpable de la supuesta crisis que atraviesa Estados Unidos a partir del agotamiento de ciertos sectores tradicionales.
Por supuesto que para ellos el punto culminante y deseado era ese, escuchar de Trump, tras la primera de 6 rondas de negociación que él no ve viable el TLC… Y además que se va a construir el muro fronterizo con México (por cierto ya no dijo que nuestro país lo va a pagar), es decir, el discurso de Donald ni fue en serio, ni fue oficial, ni plantea que desde ya se haya terminado el acuerdo.
Sin embargo es pertinente señalar que basta con que uno de los países inscritos en el acuerdo comercial para América del Norte determine que ya no quiere estar en el grupo para que este inicie su ruptura, no es algo inmediato, ni tampoco sería el fin del mundo, pues no significa que el intercambio comercial en la zona se acabe, simplemente implicará que las reglas cambien y que se deban establecer nuevos estándares en cuanto a cómo se desarrolla el intercambio comercial. Además claro de que México tiene abiertas relaciones con otros 60 países y regiones comerciales del mundo, además de la posibilidad de establecer un acuerdo bilateral de libre comercio con Canadá.
En pocas palabras, Estados Unidos es libre de salirse, quedarse, pedir cambios, presionar para lograrlos y llevar las cosas al límite. Sin embargo no hay que perder de vista que este es un asunto de conveniencia mutua, y si bien México y Canadá han obtenido ventajas en el proceso, sería totalmente absurdo pretender que las grandes corporaciones estadounidenses, pero sobre todo los consumidores de ese país, no se han beneficiado del libre comercio.
Es decir, si Estados Unidos ha permanecido por 23 años en el TLC es porque le conviene. La gobernadora Claudia Pavlovich ha sido incisiva en ese punto, y el pasado miércoles participó en la Ciudad de México en un foro organizado por Grupo Financiero Banorte, resaltando 2 elementos que me parecen esenciales al respecto, el primero son los 39 millones de empleos que dependen del TLC, de los cuales 16 millones son en Estados Unidos, un asunto que no es menor.
La otra es que a partir de la interacción que tiene con Arizona, Nuevo México y California, ha percibido que realmente hay gran interés y mayores beneficios para las empresas y consumidores del vecino país del norte por mantener e incluso intensificar el libre comercio con México, por lo que incluso pidió junto a los gobernadores de Nuevo León, Chihuahua y Baja California Sur, que se incluya en las negociaciones del TLC la visión de los gobernadores en ambos lados de la frontera y en las provincias canadienses, pues al final del día es en los estados donde se desarrollan los negocios, un asunto en el que quizá la alta burocracia en las capitales de los 3 países, lejos de facilitar las cosas, las obstaculizan. Y me parece muy razonable, porque el lobby que pueden hacer los gobernadores con sus pares y vecinos, pero sobre todo en sus gobiernos centrales, puede resultar la clave en la renegociación.
De hecho creo que uno de los puntos planteados por la gobernadora Pavlovich en la Ciudad de México es clave en esto, pues señaló que debe fortalecerse el mercado interno, a fin de favorecer el desarrollo de negocios y un mayor crecimiento de la economía en México, y la única manera que conozco de fortalecer el mercado interno, es aumentando los sueldos de los trabajadores, es decir, atendiendo lo que a la fecha en Estados Unidos y Canadá se observa como la mayor falla de México en el acuerdo, y lo es el hecho de los trabajadores y obreros mexicanos ganan 20 veces menos que sus pares en esos países, lo que evidentemente es una desventaja para la captación de inversiones, pero también es un factor que hace que en México muchos estén condenados a trabajar para sobrevivir en condiciones de pobreza y vean limitadas sus opciones de desarrollo personal.
Así las cosas, creo que es necesario que se escuche la voz de los gobernadores para garantizar que el TLC avance a su ratificación.
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