Nomás que señorita

Gaspar Juárez.-

Mi compadre Humberto Islas es muy amante de sacar gazapos sinaloenses. Siempre ha estado ligado a su estado natal: Sinaloa.
A veces ese “jobi” lo manifiesta por correo (actualmente vive en Los Mochis). El sobre que me manda no contiene ninguna carta, sino que trae puros recortes de periódicos, algunos que recuerdo son:
Un anuncio clasificado que dice: “Se compra mapache hembra para mapache macho”, otro: “Se vende un gallo abado muy pisador”; “De oportunidad se vende automóvil marca Ford Galaxie, modelo del año, con vidrios a prueba de balas y carrocería totalmente blindada; mayores informes con la señora Fulana Vda. de Zutano. Calle Tal, Culiacán, Sinaloa”. Siempre cae algún suceso chusco como los que siguen:
Una nota de periódico cuyo encabezado dice: “Mató a su compadre porque no le consiguió el tocadisco”.
En Sinaloa se estila mucho cuando fallece una persona, llevar la tambora tocándole las piezas que le gustaban, inclusive hay una canción que se llama “Que me entierren con la banda”; pero que en la actualidad, como todo ha subido de precio, siguen la misma costumbre con… tocadisco de batería.
Y otros con los nombres:
Dice que le ponen nombre a los niños para decirle de otro modo, como: Rosendo, para decirle “Chendo”; Leopoldo, para decirle “Polo”; Nepomuceno para “Cheno”. Cuenta que una vez al ir a trabajar a un rancho (él criba semillas) le presentaron a una persona con la que se iba a entender y al cual le decía “Beto”, entonces le preguntó que si eran tocayos; éste le contestó con otra pregunta:
-¿Y cómo te llamas tú?
-Yo me llamo Humberto.
-¡Ah!, “pos” entonces no somos tocayos, porque yo me llamo Cudberto.
Una vez lo visité allá en Los Mochis. Me invitó a una fonda del mercado y en una mesa cercana, como postre, la mesera corrió a punta de escobazos a un par de clientes; uno de ellos estaba fanfarroneando y lo que resultó fue por esta conversación:
-Fíjate que me “trai” loco una chamaca que conocí en El Naranjo.
-¡Uh! “pos” debe de estar muy “forro”.
-Pa’ que te haya gustado; ¿y cómo es?
Al tiempo se acercaba la mesera:
-Bueno no te lo puedo explicar, pero es más o menos como ésta…
-¡Nomás que señorita!

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