Libertad de expresión, patrimonio de la humanidad, llamada a encabezar la avanzada social en busca del bienestar general

Podrán caer cientos y miles de periodistas y comunicadores de la prensa escrita y electrónica, pero nadie, absolutamente nadie podrá coartar la libertad de expresión
Ya que históricamente la divulgación de las ideas, la filosofía y la cultura, así como los conocimientos científicos y tecnológicos han marcado el rumbo social en todas las regiones del mundo

Desde el invento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV, periodo de transición se unos trescientos años del obscurantismo feudal al surgimiento de los primeros estados naciones en la Europa occidental, de florecimientos científicos y tecnológicos en el campo de las matemáticas, física, ciencias naturales, la filosofía y las ciencias sociales como la economía y la política, consolidadas las concepciones modernas con las aportaciones, los grandes pensadores de la ilustración, de la talla de Juan Jacobo Rousseau, Calvino, Diderot, Auguste Comte, Adams Smith , David Ricardo y Thomas Robert Malthus, después de más de ocho siglos de ideas filosóficas, religiosas y morales, permeadas por religiones politeístas y cristianas bajo el mando del gran imperio romano, cuyos dominios abarcaron desde el Oriente Medio, Grecia y todo el continente europeo, en cuyo marco de unilateral conservadurismo, se dio la quema en la hoguera de Galileo Galilei, sólo por haber osado afirmar que la tierra era redonda; en ese proceso irreversible de indiscutible avance social, de florecimiento de las ideas y conocimientos científicos, fundamental fue la impresión en letras de molde, a través de la prensa escrita, libros y folletos, propiciadores de los análisis y la discusión en los grupos de avanzada, partidos políticos y los parlamentos europeos, sobre todo a lo largo del siglo XVIII, cristalizando el nacimiento de las primeras naciones del mundo como Inglaterra, Francia, España, Portugal y en general los países bajos, en donde la dinastía de los borbones, ligadas a la Santa Sede se negaban a despejar el rumbo de la avanzada social y política que en 1789, llevaron al establecimiento de la Comuna de París, erigiendo en Francia a la burguesía como la nueva clase social que encabezaría el proyecto político de esa naciente nación, proliferando esas ideas del cambio, por los países de la hoy resquebrajada Unión Europea, donde desde agosto de 1492 del Puerto de Palos España, zarparon los intrépidos navegantes que capitaneados por el genovés Cristóbal Colón, desembarcaron en la Isla Guana ni en el mar de las Antillas el doce octubre de aquel año, proceso de expansión mundial, consolidado el 13 de agosto de 1521 con la conquista de la gran Tenochtitlán, y con ello el arribo de los misioneros, sobre todo los jesuitas, con una moderna concepción del mundo y de la vida, en busca de la catequización de los pueblos del continente – indígena – según ellos, ideal para el saqueo del oro y la plata y la puesta en marcha de procesos económicos en base a la superexplotación de miles de negros transportados desde África e indígenas esclavizados por los encomenderos apropiados de las principales minas de Guanajuato, Taxco y Álamos, de esta Entidad Federativa, en aquellos tiempos, como parte del estado de occidente. Proceso mundial de acumulación originaria de capital, que por supuesto no podía durar toda la vida, pues antes de los trescientos años de dominio colonial, al influjo del renacentismo de las ideas filosóficas, culturales y políticas en ebullición en el viejo continente, con la llegada también de la imprenta en nuestro país, cuando la santa inquisición igualmente perseguía, ahorcaba y desaparecía las más leves publicaciones en contra de la corona y las castas de peninsulares y criollos, que encabezaban la vida de la colonia, en cuyo ambiente la valerosa monja Sor Juana Inés de la Cruz, se atrevió a escribir desde la obscuridad del monasterio “hombres que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de los mismo que culpáis”, en el marco del aberrante machismo y el sojuzgamiento de la mujer en todos los órdenes de la vida, al mismo tiempo que a los templos, ante las asfixiantes contradicciones económicas y sociales imperantes, arribaban ideas de liberación social que culminaron con la guerra de Independencia de 1810 iniciada por los curas Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Allende, Aldama y consumada el general Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide, el 27 de septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, enarbolando la bandera de las tres garantías, igualdad, libertad y justicia, para esa época, ondeando en los parlamentos europeos, como los paradigmas fundamentales del avance social, en donde como hasta esa fecha se había demostrado, la importancia de la libertad de la expresión de las ideas, garantía social igualmente constituida desde entonces como un patrimonio de la humanidad, al ser un genuino producto social, que como históricamente está demostrado nada ni nadie podrá detener, así caigan miles de periodistas, escritores y divulgadores de los pensamientos de todos tintes y colores, con su sangre y los aportes heredados, florecerá la sociedad hacia nuevos estadios de desarrollo, en busca de bienestar.

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