Hoy, Día de las Madres…

Por: Bernardino Galaviz

 

Hoy, Día de las Madres, día del amor más puro, sincero y universal
Amor de madre, sólo superado por el infinito amor de Dios
Por eso, este gran día disfrutemos junto con ellas en familia, unidos, con gozo, alegría y en paz, el gran amor que sembró en cada uno de nosotros, ese será el mejor regalo que nuestras madres podrán disfrutar, porque lo material cuenta, pero no tanto, frente al regazo espiritual que derrama sobre nosotros a cada instante

En el inconmensurable amor brindado por Dios nuestro Señor Jesucristo, el más sentido, manifestado y demostrado es el de nuestras madres, esa mujer abnegada y entregada al cuidado de sus hijos para formarlos en la plenitud de los más sanos principios y los más altos valores sociales y humanos, hasta convertirlos en seres humanos de bien, definitivamente nunca a temido comparación, a través del tiempo y los diversos espacios culturales, políticos y económicos en las diversas regiones del mundo. Es tan grande e incondicional su amor que traspasa fronteras, venciendo distancias e inclemencias del tiempo y el espacio, en que para ellas, no hay mejor plenitud en la vida y su fructífera existencia que ver crecer a sus hijos desde su infancia, como pequeños rebaños del mismo corral maternal, en donde ellas gozosas sentados quieran tenernos por siempre a unos metros del comal, rodeando la mesa, saboreando los alimentos preparados con aquel gusto que sólo el amor inmaculado de las madres pueden preparar, previo el aseo personal y el peinado, en cuyos espejitos, se refleja intensamente el destellar de su divino amor, fortalecido a través de la juventud de sus retoños, hasta cristalizar sus añorados sueños al verlos convertidos en ciudadanos de bien, como desde su nacimiento ellas siempre quisieron que fuéramos. En esta proyección maternal, nuestras progenitoras nunca quisieron que los fracasos nos alcanzarán y al llegar, sufren, lloran y se atribulan por nosotros, porque jamás en la vida habrá para las madres hijos malos, ya que en el concepto del amor universal, todos nacimos para ser buenos, para honrarlas, para quererlas y querer al prójimo, no importa que como en la viña del Señor, haya borrachos, desobligados, irresponsables, mantenidos, malandrines, hasta hijas desnaturalizadas, que desobedeciendo los sanos valores enseñados, a la deriva anden en la vida, en los linderos del submundo y los antivalores, generalizados en este irreversible y creciente proceso de desintegración social y familiar; de esta manera, para nuestras queridas madres, todos sus hijos, absolutamente todos, somos iguales, desde que el que aprovechándose de este emblemático día llega y le pone un montón de carne para ponerla a trabajar, para que haga los tamales para el resto de la familia y los borrachos que como moscas a la leche llegarán, o el que con regalo arriba a la casa con una lavadora, un molino para moler nixtamal, para una vez terminado su día continúe en la cocina haciendo tortillas o se vaya al lavadero para limpiar la ropa de todos los miembros de la familia, después de barrer y atender a los nietos de encargo de otros hijos, quienes con el pretexto del trabajo o la situación económica imperante, por mientras se los dejaron, incluyendo a sus abuelitos, quienes en medio de la discapacidad por la edad u otras enfermedades crónicas, tiene que aguantar torturante situación, pronunciando aún más las enfermedades crónicas degenerativas, cada vez más generalizadas, cifras según el INEGI, por demás preocupante al confirmarse la tendencia de estar en esta situación, seis de cada diez niños, durante los últimos años. Sea pues este onomástico de la mujer que más derrama amor en la vida, para la que te amamantó en sus tiernos brazos y te embelesó con tus besos, ¡!para nuestra madre bohemios!! el gran día en que celebremos junto a ella, en unidad familiar, el gran amor que desinteresadamente sembró en nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestro corazón, amor enjuagado con sus lágrimas , suavemente cultivados con sus sollozos, en la más intima relación con Dios, cuando en peligro llegaron a estar nuestras vidas o la lejanía de cualquier otro lugar, en las cárceles, los hospitales, en el país o en otras partes del mundo, su inconmensurable amor nunca ha dejado de estar con nosotros – sus hijos amados – hasta donde a cada instante vuelan sus suspiros y las plegarias a Dios, porque nos esté yendo siempre de lo mejor. Pues bien por este infinito amor de madre, incondicional y sincero, por el amor de Dios, cuando menos este día celebrémoslo con ellas, unidos y en paz, este es el mejor regalo esperado por ellas, por que las flores, los refrigeradores, las estufas, las lavadoras, los pasteles y las comilonas que se preparen, cuentan pero no tanto, a fin y al cabo lo material va y viene, mientras el amor espiritual prevalece para siempre, madres, que Dios las bendiga a todas indistintamente y a las que ya se fueron, como mi madre, mis tías y mis abuelitas, por quienes, a Dios nuestro Señor Jesucristo, elevemos nuestras plegarias para el descanso en la gloria eterna.

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