Inconformidad de niña

Por:María Beatriz Vega López.-

Eran días inhábiles y Alejandrita quiso quedarse dos días de visita en mi casa.
Limpiando y ordenando cosas, libros, lápices. De pronto aparece un cuaderno para colorear del kínder. La niña, con mucha alegría, reconoció el libro que usó cuando más pequeña.
No quiso que lo tirara a la basura y se puso a revisar lo que había hecho cuando apenas tenía cuatro años de edad.
Ahí estaba la evidencia de sus primeras letras y dibujos. Algunas imágenes coloreadas, otras sólo rayadas y maltratadas.
Las vocales en mayúsculas y minúsculas; letra cursiva y en renglones amplios y cortos. Algunas encerradas en la cuadrícula sin salirse del espacio indicado oficialmente.
La identificación de los colores en el arcoíris, asimismo la combinación de ellos.
Alejandrita, con ojos vivaces, sonríe al ver los garabatos que hacía en esos tiempos y parece disfrutar mucho al saberse ahora grande, porque cursa ya su tercer año de primaria.
De pronto nos llega visita y hago un receso en la limpieza, quedando un gran reguero o desorden bajo el tejabán, las cajas de cartón desbaratadas; donde en algún tiempo sirvieron como embalaje para trasportar huevo Rancho Grande, a los abarrotes o tiendas de autoservicio local.
Ella se quedó sola en el patio por algunos minutos y regresé cuando se fue mi vecina Emilia, quien me traía unos pantalones del uniforme, a los cuales había subido bastilla. Continué con la limpieza; de pronto veo sus ojitos rojos y ella, de mal humor, además moqueando.
Le pregunté qué le pasaba y responde:
-Es que no me gusta cómo escribo. Mira, ¡qué feo! (señalando su viejo cuaderno de ejercicios)
-No, Ale, eso era antes; ahora tienes una letra muy bonita, muy legible.
– ¡No!-, me dice tajante: -Tampoco me gustan mis dibujos, están muy feos.
-Pero te repito: Ahora ya aprendiste, ya sabes escribir muy bien; dibujas y coloreas muy hermoso.
-¡Que no!-, enfatizó- ¡Te digo que está todo muy feo! ¡No me gusta nada!
De pronto rompe a llorar, dando rienda suelta a sus impulsos.
Se me hace gracioso y me reí…
Indignada me dice: -¡Que no te rías!… ¡No me gusta que te rías de mí!-
No podía dejar de reírme. Me parecía cómico que después de tantos años una libreta vieja la hiciera llorar, pero en fin… niñas.
Soltó el llanto a todo volumen y ordenó enérgicamente la llevara a su casa. Le respondí: No pues así, por las buenas, claro que te llevo a tu casa.
Comentario: Qué bueno que los seres humanos siempre tratemos de ser mejores cada día.

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