Doña Cipriana Zamarripa

Por:   David Cibrián Santacruz

El día que visité a doña Cipriana Zamarripa era miércoles, 25 de enero del 2017. En el patio de su casa, estando ella convaleciente de una fractura que le ocurrió por una caída. Platicamos tan sabroso, como si cada uno disfrutara el acto de un buen cómico, igual o mejor que el famoso “Cola de caballo”.
Al momento de la entrevista, doña Cipriana es una persona de la Tercera Edad. Tiene 77 años, pero se ve lúcida y disfrutando la vida, a pesar del susto que le dio la caída, y de encontrarse confinada a una silla y al cuidado intenso de la familia. Como tiene en las dos manos un libro (“Memoria del corazón”) que parece no querer soltar, se le hace una pregunta directa:
– Oiga, doña Cipriana, ¿por qué no suelta ese libro?… hasta parece que está leyendo cosas prohibidas.
R.- ¡Nooo, no son cosas prohibidas! Lo que pasa es que este libro es mío, me lo regaló mi hijo Juan José. Y ha de saber: todo lo que dice es cierto… yo lo viví. Cuando era niña y vivía en esa casa de El Venado que llaman “de los Zamarripa”, me acuerdo que todos los días, nomás cosa que amaneciera y yo despertara con el escándalo de los gallos, me echaba a la calle para mirar este bendito cerro que viene en este libro. Mírelo… si me brinca el corazón; ¿cómo quiere que suelte mi libro?
Haciendo silencio para disfrutar la alegría de doña Cipriana, y al mismo tiempo para pensar el rumbo de la plática, nació la siguiente pregunta:
– Oiga, doña Cipriana… yo la miro feliz, como si usted nunca hubiera sufrido. ¿Ha tenido momentos difíciles aparte de la caída que la tiene en la silla?
R.- Sí, como no… yo enviudé cuando tenía 26 años. Y le aseguro que pasé años difíciles. Estaba muy joven… y seguro pensaba bien, porque ya no me casé y decidí hacerle frente al compromiso de los cinco hijos que me quedaron.
– ¿Y cómo le hizo para salir adelante?
R.- Con las coronas, oiga…
¡Ah, doña Cipriana!… me le quedé mirando antes de preguntar. Se trataba, de que con todo y pena, me aclarara lo que decía. “No me diga que habla de las mentadas coronas amargas… la miro, y no me la imagino abriendo botellas.
R.-No, oiga… cuando digo coronas, hablo de otras, de las que llevan al panteón. Me acuerdo que luego de enviudar me fui a estudiar con doña Petra de Tirado, la mujer del presidente municipal. En ese tiempo había una oficina que le llamaban IMPI (Instituto Mexicano para la Protección de la Infancia)… ahí daban clases de muchas cosas, y yo aprendí cómo hacer coronas de muertos.
– No me diga…
R.- Pues sí le digo; aprendí cómo hacerlas, y con eso saqué adelante a mis niños.
– ¿Y se acuerda de los clientes… de cuándo las vendía o hasta donde iba a venderlas?… Porque debe haber batallado, ¿qué no?
En este punto vuelve a reír doña Cipriana, antes de decir: “Ah, que usted”. Luego vuelve a lo suyo. Como ve, aquí a una cuadra está el panteón, ahí comenzaron a verme en días especiales; después me hacían pedidos… y yo me amanecía para cumplir, porque los muertitos no esperaban.
Aunque supe que la última frase no era mal intencionada, le devolví la mala interpretación diciendo: “Mírela, mírela… usted también le tira a los muertitos”. Después, hice la siguiente observación:
– Oiga, ‘ora que la miro, ya mayor y muy centrada, y esbelta… se me ocurre que usted, o fue deportista o es del tiempo de la chancla; sáqueme de esa duda.
Doña Cipriana volvió a reír olvidando su problema de recuperación, y finalmente dijo:
R.- Bueno, soy del tiempo de la chancla. Viera qué efectiva. Por ese juguete aprendí a correr y también a portarme bien. Y a propósito… usted también es de ese tiempo, ¿verdad?
– ¿A poco ya me mira viejo? –respondí–.
Amigos, paisanos… así transcurrió la entrevista. Aunque no hubo tiempo de hacer anotaciones oportunas, la charla fue muy divertida y satisfactoria. Lo que sigue es el Árbol Genealógico de la familia Zamarripa.
Abuelos: Don Tomás Zamarripa y doña Brígida Navarrete. De este matrimonio nacieron José Güero Zamarripa; Petra Zamarripa, mamá de Alberto Partida Carrasco; Arnulfo Zamarripa, que casó con Nicolasa Sanabia Parra; y Camilo (medio hermano)… casado con María, fue padrastro de Ignacia Nacha.
Arnulfo y Nicolasa fueron padres de Cipriana Zamarripa Sanabia (nuestra amable entrevistada), y de Simón que murió de cuatro años.
Cipriana se casó con Abel Vega Méndez, y de este matrimonio nacieron: Sonia Vega Zamarripa, esposa de Gabriel El Negro García; Jesús, esposo de Sandra del Hoyo; Alfonso, casado con la maestra Carmen Rosales; Mercedes, esposa del doctor en ciencias Margarito Ortiz Catón; y Juan José Vega Zamarripa, casado con Martina Rosales Gómez. Y, por cierto, Juan José fue el causante de la entrevista, al regalarle a su mamá el libro “Memoria del corazón”, que es historia oral de la gente de El Venado, Nayarit, de donde es originaria doña Cipriana.

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