Por: Bernardino Galaviz

 

-México en la coyuntura de establecer la seguridad alimentaria y mejorar la salud de los mexicanos, con economías de autoconsumo familiar
-Para dejar de comprar en el mercado la carne a 140 pesos, los limones a 20 pesos , el frijol a 40 pesos y la leche a 15 pesos el litro
-Así como privilegiar frutas y verduras, huevos y mantecas naturales, sin conservadores, insecticidas, fertilizantes y fungicidas cancerígenos, con un modelo agrícola orgánico
Cuántas veces escuchamos y leímos en la década de los setenta que tras el arrinconamiento y despojo de las mejores tierras de campesinos de las comunidades ejidales e indígenas, por los ahora agrotitanes y líderes agrarios corrompidos, en las orillas del río Mayo, como minifundistas de dos hasta media hectárea de terreno, desde antes de que se construyeran las presas, que con un solo riego de las avenidas del río Mayo, con que anegaban las parcelas de 4 y 5 hectáreas, los particulares con más tierra, durante dos hasta tres meses, en que se consumían los abonos orgánicos arrastrados por las correntadas desde la sierra madre occidental, en que también las abundantes lluvias se sucedían año tras año, con eso bastaba y sobraba para mantener a toda la familia, en los tiempos aquellos, en que se acostumbraba tener entre los diez y los 15 hijos. Áreas en donde sembraban frijol, maíz, rábano, lechuga, repollo, zanahoria y criaban cachis, gallinas, vacas y chivas, para los huevos, la carne y las mantecas naturales, a utilizarse durante todas las épocas del año, intercambiando a través del trueque lo que sobraba o hacía falta entre las familias, por ejemplo sandías, quesos y panelas, en el marco de relaciones comunales entre los habitantes de la nación yoreme mayos y mestizos, en que los usos y costumbres se respetaban primordialmente y los acuerdos y palabras se respetaban como las leyes supremas y en donde además, entre los mayores, como hermanos todos se decían compadres y comadres. Nada hacía falta y la alimentación era lo primero que se aseguraba, además de las casas ecológicas hechas de adobe con techos de trigo y de linaza, planchadas sobre varas de batamote y de carrizo, así como las cocinas hechas de las mismas varas tejidas y ripiadas con lodo batido con estiércol; pero con la llegada del crecimiento hacia afuera de la economía nacional, para favorecer los afanes expansionistas de los Estados unidos, para la reconstrucción de Europa con el plan Marshall, tras haber sido devastada por la segunda guerra mundial, todo empezó a cambiar, surgiendo bajo la influencia del desarrollo estabilizador y con justicia social entre los cincuenta y los setenta, los centros urbanos a lo largo de la Costa del Pacífico, desde Mazatlán Sinaloa hasta Mexicali, Baja California, en cuyos valles agrícolas se empezaron a producir los granos y las oleaginosas, cártamo y algodón, que los gringos estaban demandando para la reconstrucción de Europa, convirtiéndonos en monoproductores, para lo cual, con recursos de los bancos mundiales, se construyeron las presas y se abrieron los sistemas hidráulicos con que nos convirtieron en el granero de México y a nivel mundial, nos significamos como los productores de mayor calidad y cantidad, con la llegada de Norman E. Borlaug. En la lógica de esta dinámica mundial, los presidentes Miguel Alemán Valdés, Pascual Ortiz Rubio, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, hasta Luis Echeverría y José López Portillo, a los que les tocó bailar con la más fea, al agotarse los modelos económicos instaurados desde dos décadas atrás, con millones de mexicanos empobrecidos en el amplio medio rural, pululando en la marginación y el desempleo en el amplio y polvoso medio rural y las ciudades de Guadalajara, México, Monterrey, Culiacán, los Mochis, Navojoa, Ciudad Obregón, Guaymas, Hermosillo, Caborca y San Luis Río Colorado, en donde hacinados en casuchas habían ido a parar, formando inmensos cinturones de miseria, deslumbrados por los iluminados bulevares, parques industriales y las comodidades de la naciente clase media, en zonas residenciales, divulgadas a través del Canal de las Estrellas, que con sus churros noveleros de largometraje y Siempre en Domingo, la India María y Raúl Velasco, exaltando las benevolencias de los regímenes de Gobierno y los indicadores de bienestar y progreso de la oportunista clase media, que no dejó de aprovechar el prefabricado estatus, para aprovechar los mejores espacios en los puestos públicos, al mismo tiempo que líderes y dirigentes obreros del sector popular y campesinos, hacían lo mismo, a cambio de mantener a los campesinos, obreros e indígenas, cautivos para llevarlos y feriarlos en las urnas hasta nuestros días, en que miles de familia no hallan la puerta para pagar la luz, el agua, el cable, la canasta básica y la medicina ante la creciente especulación comercial desatada, en el marco de las crisis en que el Gobierno Federal es muy poco lo que puede hacer, arrinconado también por el loco de Trump y los peludos flagelos de la corrupción, no quedando otra más que voltear de nuevo hacia las parcelas – los que no las vendieron y no las tienen rentadas -, para producir como antes, nutrientes saludables, que hacían crecer fuertes a los seres humanos, sin necesidad de medicinas, que se han vuelto indispensables por el alto consumo de chatarra, gaseoso, alimentos milagro, grasa, cerveza y licor, que sólo Dios sabe de qué están hechos, pero fundamentalmente para producir carnes, cereales, frijol, maíz, mantecas, leche, huevo, frutas y verduras, a bajos precios y con cero contaminación, hoy por hoy, la madre de todas las enfermedades que las instituciones no alcanzan a curar por falta de presupuestos y médicos, que aunque sean especialistas, a la hora de la hora, no hallan qué hacer y mucho menos cuentan con las medicinas para atacar los males.

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