Vuela paloma… vuela

Vuela paloma… vuela

Gaspar Juárez López

En Guasave, Sinaloa, se escenificó un partido de beisbol. Los contendientes: una selección de aquel lugar que dirigía un señor de apellido Péimbert y patrocinados por el Güero Félix, mi hermano Lolo y entre quienes iban; el inolvidable Jesús Güerito Hernández, el Güilo Vidal, el Zurdo López, el Kin Larrazola, que entonces le hacía al pitcher, y otros.
Por el otro lado también había gentes que con el tiempo iban a ser figuras del deporte como: Kiko Castro, Eladio Urías, El Gomaye Palafox, y un negrón inmenso que le apodaban Búfalo Hernández, cubanísimo que se arraigó en ese pueblo.
En la primera fila lo más granado de la comunidad encabezados por Miguel Leyson, politicazos, Pepe Chuy Sánchez, del mero Burrión, ex presidente municipal; Malacón, los Barrullos, etc., lleno completo. El juego lo narraba par la radio el famoso Mago Obezo.
Total que el juego se llevó muy reñido hasta la octava entrada. El Kiri estaba echando lumbre, crecidísimo; había logrado la hazaña de haber ponchado en todas las oportunidades al cuarto bat, que era el Búfalo Hernández.
Este, al pararse en el plato, le señaló al Kiri el lugar donde pasaría la bola; éste le contestó:
-Negro jediondo, te voy a volver a ponchar.
El Mago narraba nervioso:
-La cuenta ahora está tres bolas y un strike, el Búfalo le juega cubano al pitcher de Obregón; oiga usted el griterío; viene la última pichada presenta la bola, acepta la señal del catcher, tira hacia home y…
Se oye sonido sólido: trick
Vuelve el locutor:
En estos momentos el Búfalo saca un tremento leñazo… La bola tapa al filder… allá va la bola entre Ocoroni y la caseta de pago del puente de oro del Río de Sinaloa.
Jonrón… bla… bla… bla…
Dicen que la bola se fue desforrando en el aire, y la pelotita de hule del centro le cayó entre las piernas al cajero de la caseta.

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