Óscar 2017… Hasta el último hombre

Óscar 2017… Hasta el último hombre

Jesús Carvajal Moncada

El esperado regreso de Mel Gibson después de diez años sin dirigir una película llegó con Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge, 2016), una obra bélica que gira en torno a Desmond Doss (Andrew Garfield), joven estadounidense quien trata de ayudar a su país a ganar la Segunda Guerra Mundial, sólo que debido a sus creencias religiosas desea ser el médico de la unidad militar y no tener que disparar una sola bala, incluso, no cargar siquiera un rifle. De manera lógica, Gibson regresa a la infancia de Doss y posteriormente hay pasajes de su vida en familia para entender que además de sus posturas religiosas, existen dos sucesos importantes por los cuales no desea empuñar un rifle. Siendo niño estuvo a punto de matar a su hermano en una pelea, y años más tarde defiende a su madre de los maltratos de su padre alcohólico (Hugo Weaving), a quien también está a punto de asesinar.
La película nos muestra entonces las dificultades que pasa en su entrenamiento militar, cuando los oficiales y compañeros, con base en intimidaciones y golpes, intentan hacerlo desistir de formar parte de las fuerzas armadas. Incluso, no se le permite salir a contraer matrimonio con DorothyShutte (Teresa Palmer), como medio de presión para que acate las órdenes. Pero finalmente, y a instancias de su padre, un ex militar, logra ser aceptado para participar en combate y hacerse cargo de los heridos. En la isla de Okinawa, que para los norteamericanos era vital el apoderarse de ella como punto estratégico para atacar directamente a Japón, y tras cruentos combates, logra rescatar el sólo a 75 soldados, por lo que llegaría a ser condecorado como héroe de guerra. Hascksaw Ridge es precisamente el nombre del risco que debe controlar el Ejército de Estados Unidos.
Mel Gibson muestra un muy buen oficio cinematográfico para enfatizar los momentos de tensión en puntos clave de la historia de Doss, como son su infancia, el entrenamiento militar y, posteriormente, en las escenas de combate. En éstas logra secuencias espectaculares, con un ritmo capaza de mantener la atención del espectador en todo momento, además de construir una escenografía muy adecuada a la acción mostrada. Fiel a su estilo, el director hace una crítica a la crueldad de la guerra a través de la presentación de cuerpos destrozados, con vísceras por doquier y encima de ellas las moscas y las ratas.
A este respecto se encuentra los puntos criticables de la obra de Gibson, ya que gusta de presentar una realidad de manera cruda sin ser absolutamente necesario. Por otra parte, aunque la película se basa en hechos reales, deja dudas en cuanto al manejo de los acontecimientos, como cuando se observa a un Doss salvándose milagrosamente, así como a algunos de sus compañeros. Al final incluso, repele una granada con su mano y patea otra para salvar a los soldados que se encuentran cerca de él; aunque sale herido, no es de gravedad, pese a encontrarse muy cerca de la explosión, por lo que parece ser un elegido de fuerzas divinas. Tal vez sus convicciones religiosas le conferían ideas mesiánicas, o no tenía más opción que arriesgarse y fue afortunado, o bien tuvo el suficiente apoyo de la tropa y de la artillería pesada de la marina para realizar su labor. Esto no queda suficientemente claro. Por último, una dosis de patriotismo y heroísmo estadounidense completan la trama. Es evidente que Gibson recurre a trucos cinematográficos propios de un director experimentado y así logra espectacularidad, aunque ello pudiera restarle veracidad a la historia.
De cualquier forma, este producto cinematográfico cuenta con nominaciones importantes al Óscar, entre ellas mejor película, mejor director y actor principal, aunque parece que será difícil el acceder a estos grandes premios. Lo importante, en todo caso, es el regreso de Mel Gibson a los primeros planos de la dirección cinematográfica, lo cual con toda seguridad le ha abierto las puertas a futuros proyectos interesantes.

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