El tiempo que pedías

David Cibrián

¿Qué se llevan los hombres a la cama
en el cuerpo que duerme y casi muere,
agobiado por el peso de los años?
¿Por qué los años han de regalar vigilia
y no felicidad para los viejos?

Esto preguntaba tal vez con insistencia
como necio que niega el privilegio
de vivir inmerecida larga vida,
cuando así de repente vino la respuesta
cual zorongo destilando las verdades…

Muy allá, en el tiempo ya lejano,
preguntaste por la Navidad:
¿Cuándo llegará? ¿Falta mucho?
Y Dios concedió tu deseo:
¡Llegó la Navidad!

Así aparecieron las demás, una tras otra.

Después manifestaste otro deseo:
Querías la piñata de cumpleaños…
Y los meses volaron para hacerte feliz
una y otra vez…
Con piñatas, amigos y pasteles.

De pronto aparecieron… ¿sabes qué?
Los quince años especiales,
aquellos de la princesa por un día
y los 18 de la mayoría de edad
con su eterno cuento de la libertad.

Todo llegó en petición desesperada…
pedías y pedías.

Al abrir la puerta de la vida,
Nunca te cansaste de pedir;
¡y uno más… y otro más!
Todo fue en tu libre decisión; ¿lo recuerdas?

Dios no puso ni la fecha de tu boda
Cuando muy enamorado te casaste.
Tampoco aconsejó, debieras recordarlo…
Que tuvieras cierto número de hijos,
esos fueron el fruto de tu amor,
del instinto que llaman de los hombres.

Por decir casi al final… el interés de ser abuelo
te hizo desear la llegada de los nietos;
y llegaron, tal como pediste nuevamente.
hasta que puesto a reflexionar
descubriste que los años de los retoños,
también se cargaban a tu cuenta.

Ahí estás, abuelo por fin;
Unas veces inconforme, otras poco peor,
confirmando que Dios Padre
sólo concedió todos tus deseos.

¿Recuerdas la Navidad que deseabas?
¿Los cumpleaños de piñatas y pasteles?
¡Ahí comenzó la pedidera!

Ahora que te sientes viejo, cansado,
y que ya miraste la película de tu vida,
suplicas el “borrón y cuenta nueva”…
deseas no haber pedido años de placer,
pero justo era contrario en tu niñez,
cuando no te afectaba el tiempo que pedías.

¡Vamos, viejo, levanta la cabeza con orgullo!
¡Grita de alegría, grita!
Que lo tuyo fue cuidar el mundo
hasta volverte historia…
Como el viejo cometa milenario
que camina su elipse eternamente.

Dejar un Comentario