El autor del minicuento expone muy gráficamente las tres circunstancias…

… en las que se produce el famoso eterno triángulo y lo intitula El Cuento de lo de Siempre.

En la primera etapa aparece una señora ya madura, fodonga, canasta del mandad al brazo y eso sí, sus imprescindibles tubos en la cabeza, que comenta molesta hablándole de tú al marido:

–¡Ya no me quieres, desgraciado!

Luego, el marido que al parecer chambea en la SECOFI, aclara:

–¡Pero, viejita linda, si para eso nací, nomás para quererte… para cuidarte hasta la muerte!

El comentario final se lo dedica el susodicho marido a la amante:

–Sí, mi reina… lo que tú digas, mi vida… lo que tú mandes, ordenes y lo que sea…

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