¿Dónde están los otros nueve?

¿Dónde están los otros nueve?

José María Cerecer

De los nuevos escritores con que contamos en Ciudad Obregón, se encuentra el Dr. Víctor Arnoldo Álvarez Jiménez.
Nativo de Michoacán, criado en esta ciudad a donde llegó desde su temprana infancia.
Aunque no pretendo escribir su biografía, asiento que es hijo del Dr. Pedro Álvarez Hernández, quien junto con su familia, su esposa Trinidad Jiménez (de SLP) y su retoño Víctor, llegaron a estas tierras por los años 40.
Siendo su progenitor el primer pediatra de por acá y aliviara las enfermedades de tanto chamaco cajemense, entre los que me cuento.
Quiero decir que los Álvarez Jiménez, que se quedaron aquí y ya son más cajemenses que michoacanos o potosinos.
Víctor el personaje de hoy, no es propiamente escritor, más bien es médico cirujano (UASLP) con especialidad en medicina del trabajo.
Ni siquiera incluiré su largo currículo profesional. Pero escribió un libro, luego entonces aquí vamos a ver su circunstancia de escritor, vale.
Se reconoce alcohólico, pero yo agrego, y con la ventaja que su cuna le da  capacidad reflexiva, por tanto logra medio entender, en ese su pesado transito por la bebida, que algo tiene de hacer para remediarlo.
La providencia lo lleva a Nogales en busca de ampliar su ámbito de trabajo, y va más allá, lo empuja a una asamblea cristiana en una plaza de toros.
Ahí, la oración inicial del predicador cambia su vida, hace un “click” con Jesucristo, sus criterios sobre la vida dan un vuelco y lo demás llegó por añadidura.
Su narrativa, no exenta de la más pura sinceridad, nos lleva y nos contagia del momento y ya te quedas con su libro “¿Donde están los otros nueve?”
La portada es del maestro pintor Mario Pérez Orona. Tira mil ejemplares y no tiene editora por ser esfuerzo propio.
Tampoco le faltaron ideas para su presentación; por ejemplo, el texto ¿Pretendes semejarte a Dios? Sacado del libro bíblico de Job 11:7, 12-19, lo escribe en forma de cáliz.
Y la chispa se le queda, desde el capítulo I, cuando él mismo es el MANUMISO.
En un poema de solapeo, da gracias a Dios, por la paciencia de su esposa al convertirla en tabla salvadora terrenal por esa su espera amorosa por más de 40 años y ser testimonio del amor de Dios hacia los borrachos.
No es una disertación sobre aspectos de teología, ni siquiera pretende empatarse con los textos de Alcohólicos Anónimos.
Es la narración de un ser humano que encuentra a Cristo, que pretende retomar su vida, esa que se le salió de las manos por el alcohol.
Pensando siempre, ahora sí, en su familia y en Cristo, empieza a compartir su experiencia, a grado tal, que funda Amistad Cristiana A. C.
Donde todos los días se pretende abandonar el alcohol, que siempre viene acompañado de rebeldía, egolatría, vergüenza, autosuficiencia, egoismo e ingratitud.

Dejar un Comentario