Buñuel: Hora y media de balazos

Adolfo González Riande

I
A juzgar por el título, tal parecería que pretendo escribir sobre el genial “Chava” Flores, pero no, no por ahora. Sólo he querido tomar prestado el título de la muy conocida canción, para matizar esta entrega acerca de las armas, y ligarlo a la condición humana que caracteriza a algunas personas a mostrar un inusitado y desmedido interés por su uso.

II
Las armas siempre han acompañado al hombre en su eterno peregrinar en la sociedad. No se necesita ser un profundo conocedor de la historia para ejemplificar con una rústica hacha de piedra o una sofisticada bomba “inteligente”.

III
Los párrafos anteriores sirven para traer al objetivo central del texto, ese desmedido gusto por las armas que caracterizó a uno de los grandes directores de la cinematografía mundial, y me referiré, especialmente, al hijo pródigo de Calanda, a Don Luis Buñuel.

IV
Jean-Claude Carriére, quien por cierto le redactó a Buñuel sus memorias, señala que las armas eran para el cineasta, algo así como una especie de “carta de identidad” muy mexicana. Como muchos lo ignoran, o simplemente no tienen por qué saber todo, Carriére es el responsable de que ustedes y yo estemos ahora empecinados en descubrir pasajes y anécdotas de Buñuel acerca de su inmensurable pasión por las armas.

V
En “Mi último suspiro”, el genio español-mexicano relata que en su filme “El río y la muerte”(1954), rodado en México y presentado en el Festival de Venecia, él se había inspirado para el argumento, en la tesis de “la facilidad con que puede uno asesinar a su prójimo”. Al respecto, la cinta presenta innumerables asesinatos aparentemente fáciles (de realizar) y, además, gratuitos.

VI
Prosigue su relato, llegado el momento de la exhibición en el mencionado Festival, y ante la reiterativa sucesión de escenas de asesinatos, el público de la sala reía y gritaba “¡otro! ¡otro!”

VII
En una de sus tantas confesiones sobre la muerte,Buñuel destaca de sobremanera el hecho de que en algunos países de América Latina, la vida humana -la propia, como la ajena- tienen menos importancia que en otras partes del mundo. Buñuel, subraya, se puede matar por un sí, por un no, por una mirada o, simplemente, ¡porque tenía ganas!

VIII
Y para ilustrarnos, don Luis relata un caso por demás curioso. Un hombre espera tranquilamente el autobús.
¿llega a Chapultepec?
-Sí, responde el primero.
¿Y para ir a tal sitio?
-Sí, también.
¿Y para ir a San Ángel?
-¡Ah no!, responde el hombre interrogado.
“Bueno-le dice el otro-¡pues ahí tienes por los tres!
Y le mete tres balazos en el cuerpo, dejándole seco, como habría dicho Bretón, un acto surrealista puro.

IX
Un hombre entra en el número 39 de una calle, y pregunta por el señor Sánchez.
El portero responde que no conoce a ningún Sánchez, que seguramente debe vivir en el número 41.
Acto seguido, el hombre va entonces al 41 y pregunta por el señor Sánchez. El portero del 41 le responde que, sin duda alguna, Sánchez vive en el número 39, y que el portero del primer edificio se ha equivocado.
El hombre vuelve entonces al 39, llama al portero y le explica qué pasa. El portero le ruega que espere un momento, pasa a otra habitación, regresa con un revólver y abate al visitante.
Buñuel remata: ”Lo que más me asombró de esta historia, aparecida en la prensa mexicana de los 50, fue el tono empleado por el redactor de la nota, como si diera la razón al portero. El encabezado de la nota sentenciaba: “Lo mata por preguntón”.

Dejar un Comentario