El barro le da el sustento

Por: Roberto Aguilar
En Chinotahueca, doña Alicia “Licha” García Huicoza, de 51 años de edad, elabora estas ollas desde que tenía 7 años y aprendió el oficio de sus abuelos.
Cuenta que primero hay que seleccionar el barro, negro o amarillo, que lo consigue en un poblado vecino.

 
“El barro negro es mejor por ser de mejor calidad y más suave, mientras que el amarillo es pedroso”, explicó.

 
Una vez que lo selecciona, lo pone a remojar en una tina durante 4 días; luego se procede a amasarlo mezclándolo con arena del día y lo coloca en un molde otros dos o tres días.

 
Pasado este tiempo lo raspa con una cuchara de mate, luego lo pule con agua y piedra para sacarle brillo y lo introduce en una hornilla de leña para soasarla y en unas tres horas la olla está lista.

 
Doña “Licha” indica que de un saco de barro salen unas 30 ollas, entre grandes, medianas y pequeñas, para ser comercializadas en el mercado municipal y otros lugares.

 
La artesana indica que gracias a este trabajo ha logrado sacar adelante a su familia ya que no hay mucha competencia, pues solo hay dos locales de este tipo, el de ella y otro en el sitio Cabello.

 

EMPLEO FAMILIAR

Dijo que otra de las ventajas de realizar esta labor, es que ha podido generar trabajo entre su familia y algunos conocidos, sólo personas allegadas a ella.

“Es muy difícil separar la familia del trabajo, pero afortunadamente lo hemos sabido hacer, cada quien sabe lo que le toca y cuando le toca, en ese aspecto no hemos batallado”, expresó.

 

 

Dijo que en el negocio le ayudan dos hijos y dos hermanas, en elaborar todo este proceso, mientras que un hermano es quien transporta estos productos a los diferentes lugares donde los venden.

 
“Somos un gran equipo, humildemente pero sabemos sacar la chamba, nos enojamos, peleamos, reímos, hay de todo cada día de trabajo, pero el labor nunca para”, dijo.

 

TRADICIÓN ACTUALIZADA

 

 

Dijo que a pesar de que las ollas de barro son una tradición muy antigua en la región, esta se ha tenido que ir actualizando y que en ocasiones dejan de hacer las ollas convencionales y diseñan ollas prácticas para todos los gustos.

 

 

“Antiguamente sólo eran tres tipos de ollas, para cocer, almacenar o cocinar; ahora ya hemos hecho una gran variedad inspirándonos en las ollas modernas, sólo que con el toque tradicional, que es el barro”, reconoció.

 

 

La artesana dijo que gracias a estas alternativas, han logrado incrementar la venta de ollas, ya que a mucha gente le gusta comprar este tipo de utensilios de cocina.

 

 

FALTAN APOYOS

 

 

Reconoció que en la actualidad faltan recursos para los artesanos de la región, ya que batallan en ocasiones para seguir con el trabajo en pie, pero que de una u otra forma se las arreglan para hacerlo.

Admitió que sería bueno tener un centro artesanal en Navojoa, para que todas las personas de las comunidades que hacen alguna artesanía, las vendan sin ninguna complicación.

“Hay muchas personas que nos dedicamos hacer artesanías, desde ropa, huaraches, ollas, muchas cosas, y en ocasiones no tenemos muchos lugares donde vender y eso nos afecta a veces, sería bueno que apoyaran este sector”, puntualizó.

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