México no es inferior ante Trump

No cabe la menor duda que Estados Unidos y México son, como nación, muy diferentes; la primera es un país desarrollado, la segunda, en cambio, es un país en vías de desarrollo ya que su economía está devastada si se le compara con las economías fuertes que dominan en el mundo como la del vecino del norte, la comunidad británica y un cada vez más nutrido bloque de países europeos y asiáticos.
En este sentido, la de México es considerada una economía inferior a partir de sus ingresos y sus altos índices de pobreza, y que otros catalogan como una economía “flaca” que bosqueja un futuro dramáticamente incierto. Quizás por eso, Robinson en “Por qué fracasan los países” empieza diciendo: “La vida al sur de la alambrada, a solamente unos metros, es bastante distinta”.

Y subraya, por ejemplo, que a pesar de que los habitantes de este lado residen en regiones prósperas, sus ingresos son relativamente bajos, carecen de muchos servicios públicos, las carreteras están en mal estado, la educación es deficiente y, entre otras cosas, se vive cotidianamente con la corrupción y la ineptitud de los políticos.

Esa visión es también la del presidente estadounidense Donald Trump, quien no oculta su animadversión hacia México y los mexicanos a quienes considera y pretende tratar como si fueran inferiores e incapaces de resolver los problemas que afectan al país, y que de alguna u otra manera impactan negativamente, por la vecindad tan cercana, el palpitar diario de los Estados Unidos y de los estadounidenses.

Sin embargo, el ser mandatario del país más fuerte, económica y militarmente, del planeta no es una patente de corso para faltarle el respeto y tratar de socavar la soberanía de un pueblo como lo es México, aunque ignoramos con qué propósitos.

Por eso, ante la falta de respuestas, vale preguntarse: ¿Qué pretende realmente el estadounidense con la construcción del muro fronterizo?, ¿Qué objetivo persigue con la deportación de indocumentados?, ¿Qué quiere lograr con la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte?, ¿Cuál es el fondo de las amenazas de gravar las remesas que son enviadas por mexicanos que trabajan en Estados Unidos a sus familias en México?, ¿Qué está pasando por la mente de Trump al intentar aplicar una carga impositiva del 20% a las importaciones agroalimentarias procedentes de México?

Algunas respuestas parecen estar en la obsesión mesiánica “trumpista” de salvar a su nación de la hecatombe que azota a la economía mundial, caracterizada por la caída en el crecimiento del comercio y síntoma inequívoco de la desaceleración económica global, la más crítica en los últimos 30 años según los análisis de Naciones Unidas sobre la situación y perspectivas de la economía mundial 2017.

Para Trump primero está Estados Unidos, pero también para México primero está México; eso es lo que queremos entender luego de la postura asumida por el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien tras los “twiterazos” de su homólogo del norte que continúa con su obsesión de que México pague el muro fronterizo, decidió no ir a la entrevista que tenían programada para el 31 de enero. Las relaciones bilaterales entraron en consecuencia en un nivel de tensión que presagia más y más conflictos, aunque de entrada el magnate se vio en la necesidad de hablar “largo y tendido” con Peña Nieto, llegando al acuerdo de tratar lo del muro alejado de los medios de comunicación y por la vía diplomática.

Sin embargo, si persiste la guerra de “twiterazos” ¿Tendrá México que romper relaciones con Estados Unidos? Esperamos que no, ya que a pesar de la cerrazón “trumpista”, tendrán que agotarse primero por ambas partes las

armas de la diplomacia.

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