Inflación, el viacrucis de todos los días

La inflación, es decir el incremento en los precios, se ha convertido en la peor pesadilla para los mexicanos: El dinero no alcanza para lo básico, menos para lo que no hace falta. Y aunque las alzas están relacionadas en estos momentos con el aumento en el precio de los combustibles, lo cierto es que ese problema es una enfermedad crónica que afecta a la economía mexicana.

Nadie quiere perder nada y hace hasta lo imposible por obtener lo que considera suyo a costa de los otros; en este campo minado “el pez más grande devora al chico” o para hablar más claro, los que más tienen continúan obteniendo más, mientras que los pobres se vuelven más pobres. Sin embargo, las autoridades hacendarias aseguran que el comportamiento inflacionario errático será temporal, de tal manera que nadie debería de inquietarse por el hecho de que la inflación se haya disparado en enero al 1.51%, es decir la más alta registrada para ese mes en los últimos 18 años.

En este sentido, lo que el secretario de Hacienda, José Antonio Meade Kuribreña, no especifica es que ese “monstruo” devorador de los ya de por si exiguos ingresos de las mayorías, es un problema que refleja la incapacidad gubernamental para controlarlo. En contexto la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en un análisis de la inflación en el mundo, subraya que desde mucho antes del gasolinazo, México ya estaba entre los 13 países con los precios más altos en los energéticos y una inflación energética alta que en noviembre del año anterior alcanzó una variación del 1.8%.

En consecuencia, la inflación no es de hoy ni es resultado de una decisión específica sino de muchas que han cargado a la economía de tumbo en tumbo; en este orden se prevé que la inflación general en este 2017 podría ser superior al 4% que es el límite permisible del Banco de México, para ubicarse al finalizar este año en 5%, es decir dos puntos más de la inflación que se había pronosticado. También, contrario a los anuncios de Hacienda, la Bolsa de Valores considera que se avecina un panorama cada vez más sombrío caracterizado por más inflación y la depreciación del peso frente al dólar que, inclusive, se extenderá hasta el 2018.

En otras palabras la situación está que arde, y ante lo cual cualquier decisión mal tomada podría ser la “chispa” que encienda la llama e incendie aún más la desquebrajada economía. No obstante y ante este aquelarre el común de la gente no quiere saber nada de inflación, de las alzas en los precios de los combustibles o de la descomunal deuda pública externa, sino cómo le va a hacer para llevar lo mínimamente necesario a la mesa. En el semblante de las amas de casa y de los trabajadores, se expresa su preocupación, desaliento y frustración, más cuando los productos de la canasta básica se han ido a la estratósfera, más allá de las nubes.

La gente, los que cada tres o cada seis años depositan su sufragio por el cambio y la esperanza de que “ahora sí” le irá bien a México y los mexicanos, está intranquila, pensativa, golpeándose levemente la frente con la mano extendida o juntando sus manos en una oración para despertar de esta pesadilla.

Y, la verdad: ¿Cuándo terminará este viacrucis?, ¿Dónde quedó el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y Protección de la Economía Familiar?, ¿Quién o quiénes están participando en ese “gran esfuerzo para lograr la estabilidad económica y social del país, la inversión, el empleo, el ingreso y el bienestar de las familias mexicanas? Nadie se atreve a hablar al respecto. La gente, por su parte, con motivo de los aumentos en los precios de la canasta alimentaria, continúa irritada y desconfiada. Por eso en este camino al “Gólgota” nada más falta que el muro que construirá Trump se derrumbe y le cargue la culpa a los migrantes. Tan mal andamos.

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