Una vía hacia el vegetarianismo

José María Ruiz C.

Era su segundo día de trabajo como guardia velador del gran supermercado de la pequeña ciudad. Un poblado en el que no ocurrían grandes novedades y trabajar como guardia de seguridad no representaba mayores complicaciones, o al menos esto era lo que creía el hombre hasta el momento.

Se le había encomendado la tarea de vigilar toda la noche el interior del inmueble y hacer también algunas rondas por el estacionamiento. Trabajaba solo, no se requería más, había dicho el gerente del establecimiento.
El día anterior el vigilante había escuchado algunos sonidos que provenían desde el fondo de la tienda, entre el área de deportes y el de las carnes frías. Al ir a revisar, no encontró nada extraño. Supuso que había sido su imaginación y la novedad del empleo. Finalizó el turno sin mayores problemas.
Sin embargo, esta noche se pondría más alerta por si escuchaba de nuevo el ruido, se dijo a sí mismo. Avanzó por los pasillos utilizando su linterna para que nada se le escapase. Pasó sin contratiempos por el departamento de juguetes y observó todo acomodado en su lugar. Supervisaba el área de frutas cuando escuchó el ruido. Ahora no tenía dudas; el sonido provenía del área de carnes, hacia donde se dirigió.
Al llegar, vio rastros de sangre en el piso, como si hubiesen arrastrado un trozo de carne. Siguió el sendero escarlata avanzando con un creciente nerviosismo, pero decidido a dilucidar semejante misterio. La búsqueda lo llevó hasta una pequeña portezuela que se encontraba en la parte inferior de un muro y que daab paso a una especie de pequeña bodega. De ahí provenía ese inquietante ruido parecido al que hace un roedor al alimentarse. Con extremo cuidado abrió la puerta. En el interior estaba una niña, de aspecto salvaje, que a mordidas se comía una pieza de carne fersca. El guardia, acercó su mano para sacar a la intrusa. La pequeña, tratando de defender su alimento, mordió la diestra que se acercaba y cercenó, con sus afilados dientes, los dedos meñique y anular. El aterrado vigilante, antes de desmayarse, alcanzó a ver cómo sus dedos eran masticados y tragados con fruición.
Después de este evento, el hombre jamás pudo entrar de nuevo a un supermercado y se convirtió en un tenaz promotor del vegetarianismo.

Dejar un Comentario