¡Sí se recuperará la escritura!

¡Sí se recuperará la escritura!

América Pina Palacios

Aquí estoy, batallando para volver a tomar el camino que tanto tiempo me fue señalando mi gran amigo, Ramón Íñiguez. Me ha hecho falta su llamada por teléfono con la pregunta: ¿No vas a enviar nada sobre la Navidad? Y el Año Nuevo, y el Día de Reyes y…

Los días se han ido pasando desde que él no está; yo seguía esperando su llamada, hasta que hace días lo soñé y decidí que mi mejor forma de continuar en comunicación es seguir escribiendo, si no, ¿cómo contarle todo lo que sucedió para que mis hijos y nietos pudieran compartir la Navidad, el Año Nuevo y el Día de Reyes conmigo? Si quisiera platicárselo, él simplemente diría: escríbelo; así que ahí voy.
Hace ya muchos años que mi hija Lilian no pasaba Navidad con nosotros, Ariel ha tenido el buen tino de alternar las festividades entre Nicaragua, donde reside la familia de su esposa, y al año siguiente aquí en casa, así que estoy muy conforme con su decisión salomónica.
Las dos familias llegarían con un día de diferencia. Lilian primero, sólo que… un día antes de viajar, se dieron cuenta que el pasaporte de Leíto estaba vencido; cuando lo puso en mensaje telefónico, sentí frío en la espina dorsal. Luego la solución: Robert y Leito se quedarían para ir a San Francisco a hacer el trámite, el Consulado en su ciudad se encontraba ya de vacaciones; se necesitaban nuevas fotos, el niño ha crecido, son 7.30 p.m. y a las 8 cierran Wallgreens, corren y toman las fotos ¡uf!, pero llegando a casa ven que olvidaron un detalle: deben ser sin lentes. Una nueva carrera y apenas logran su propósito. La línea aérea les comunica que no pueden cambiar los boletos de sólo dos personas de la familia porque los compraron en grupo, así que se pierden dos de los boletos; por suerte, consiguieron otros para el día siguiente. Así que hubo que hacer dos viajes a Hermosillo por la familia de Lili, uno con Fernando Isaac, y otro la misma Lilian.
Al día siguiente, Ariel viajaría de Tijuana a Hermosillo. Lamentablemente falta sólo un día para Navidad y los “paisanos” tienen invadida la ruta, además de los cortes en la carretera que está en reparación y la volcadura de un tráiler de doble caja. Su viaje, con estos contratiempos, duró más de siete horas. Yo, en casa, rezando a todos los santos, hasta que escuché la voz de mi nietecita Eva, que al ser rescatada de la silla donde estuvo amarrada tanto tiempo, decía con su vocecita cantarina: ¡ay, ay, ay, ay, ay, ay!
Por fin entraron: abrazos, besos, tranquilidad; mi hijo, mi nuera y las dos pequeñas que se estiraban y se quejaban del viaje tan cansado, había iniciado casi de madrugada en Ensenada. Mi pequeña, saltando frente al nacimiento, hablando en su propia lengua algo que nos decía mucha alegría, al día siguiente descubrimos, el identificar a todos los animalitos, era el motivo de su gusto.
Ya estábamos todos juntos. Compartimos los alimentos y planeamos la marcha a la iglesia por la noche. Mis hijos de Navojoa ya estaban aquí; yo paseaba la mirada y no alcanzaba a traducir mis sentimientos: agradecimiento de estar todos vivos, de estar todos juntos y de compartir la eucaristía.
En casa no hubo formalidades, cada quien cenó lo que quiso y cuando quiso, pero se unificaron criterios a la hora de la piñata, ¡TODOS LA GOZARON SIN DIFERENCIA DE EDADES! Todos se tiraron a juntar dulces cuando cayeron; después de eso, Evita quiso volver y volver a pegarle, no todos los días se tiene esa oportunidad.
Dos días después, mi hijo Fernando festejó sus cincuenta años de vida. Dijo que ese era el pretexto para juntar a los familiares y amigos más cercanos, y para mí invaluable tesoro, tener una foto familiar que pueda disfrutar el resto del año. Muchas gracias a los Quezada Bañuelos porque hicieron posible que sus hermanos estuvieran aquí; a mi nuera Lidia, muchas gracias, a mi querida nieta Estéfany y a Isaac por su apoyo en la logística.
El retorno se inició demasiado pronto, sentí que no los disfruté. Mi promesa, si hay una próxima reunión, es que no voy a cocinar, para estar más tiempo abrazándolos y besándolos. Lili fue la primera en llegar y también en partir; muchas gracias a mi querido yerno, Roberto, a Rebeka y Leo, por haber estado conmigo esta Navidad.
Una semana después, Ariel, Ena y las niñas emprendieron el viaje, tranquilo, gracias a Dios, y a su hermano Fernando; un día antes, comimos rosca de reyes con chocolate, rico el chocolate y pésima la rosca (made in Sam’s) pero juntos nuevamente, el cariño hizo todo delicioso. Al llegar a Tijuana encontraron una sorpresa: no había gasolineras abiertas, el tanque de su camioneta estaba casi vacío y con la poca gasolina que le quedaba tuvieron que viajar a San Isidro a llenar el tanque. Finalmente, llegaron a su hogar sin más contratiempos.
Qué bueno que vinieron, quizá sea la última reunión familiar. Mi tía Mari estuvo con nosotros, como todos los años, pero ella y yo ya no sumamos, sino restamos el tiempo futuro. Dios me concedió esta reunión hermosa en un año que ha sido de muchas pérdidas, varias amigas y amigos, muy queridos, tomaron delantera. Aunque por parte de la escritura, pleno en sucesos agradables.
¡Gracias, hijos, por esos días que tanto disfruté!

Dejar un Comentario