Si la ocasión lo amerita

Nina Basich 

Manolo Macías rompió con el puño el vidrio del retrato de bodas, apenas sintió las heridas en los dedos. Se sentía más que harto del llanto, de las promesas, los gritos y el desorden que completaban su vida. Harto de todo y de ella. Descargó el golpe con súbita cólera y se marchó, no quedaba otra cosa por hacer. Ahí dentro estaban por convertirse en animales y la rabia que los cegaba en momentos como ese, ya le ahogaba.

Incluso después de salir de casa tras el azote de la puerta detrás suyo, siguió aquella lucha en su interior, entre lo que él consideraba el deber para consigo mismo y la responsabilidad adquirida para llevar a cabo sus soluciones.
Camino del bar masticó contra Marla. La emoción disparada entre ellos ya era ingobernable. Pasaron sobre sus hombros los últimos meses. Llegó al bar y todo quedó disuelto en los hielos del primer trago. Acompañó a los amigos como si la existencia se cerrara en ese espacio y el tiempo transcurriera en una música lenta, sólo para él. En la memoria no quedaba rastro de ella.
A las cuatro de la mañana en el regreso a casa retomó las palabras y sintió en la mano las pequeñas cortadas con sus líneas y puntos de sangre seca, lamió sus dedos, sabían a ron, chasqueó la lengua con una sonrisa mientras permitía que llegara al exterior un leve arrepentimiento.
Estacionó el coche con exagerado cuidado sobre las huellas de piedra. Abrió la puerta sin hacer ruido, se quitó los zapatos a un lado del tapete y cerró con precaución. Tuvo bastante tiempo para prepararse, para asumir el tribunal, el juicio y la condena por esta nueva infracción a la normativa conyugal.
Le desagradó que la casa estuviera en penumbras, encendio la luz, tosiendo un poco. Inspeccionó la casa denro del consabido e inmaculado orden. al dirigirse a la cocina chocó con la mesa fuera de lugar; las sillas estaban volcadas. Del refrigerador sacó el jugo de naranja y lo sirvió derramándolo fuera del vaso. Volvió a toser, ahora más fuerte y carraspeó el jugo. Entonando una canción por lo bajo, dándose ánimo; fue desvistiéndose mientras llegaba a la sala, apoyó la pierna en el sillón sospechando que las cosas empeorarían para él en la mañana pero hoy; eso no le importaba.
Dudo al quitar los cojines y dejar al descubierto los barrotes del respaldo. Se durmió en la placidez animal sin notarse inmerso en un descomunal silencio marital.

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