Rosilita… La hermana de Rosita Alvírez

Enrique Cázarez Zamudio

Año de 1900. Presente lo tengo yo, que en un barrio de Saltillo Rosita Alvírez murió.

Los ·corridos” son por lo regular, episodios trágicos de funestas consecuencias con relatos estructurados que en la mayoría de las veces, magnifican y subliman la vida de los hombres, son la historia de quienes la vivieron, así como de aquellos que la escribieron a los que luego convierten en héroes llegando a conocer su biografía en una simple tonada.
El corrido ocupa una de las formas de poesía tradicional en México, un sitio muy destacado que comparte con las copias y que ambos géneros, hacen un poema musical.
Y que ambos géneros, hacen un poema musical.
Todo mundo conoce el famoso corrido de Rosita Alvírez y sabe por lo tanto, que Hipólito la mató -eso todos lo sabemos y lo sabemos por el corrido, pero lo que muchos no conocen es la continuación y desenlace de la dramática historia que deriva otros resultados y yo voy a explicar .
El origen etimológico, histórico y semántico de la conocida frase: ¡Ah como chingaos no! que todos usamos pero desconocemos su origen.
“Aguila de oro” vivía una joven de nombre Rosa Alvírez León, que era de tez morena, muy clara, casi blanco -de pelo castaño y oscuro- ojos grandes negros, labios muy bien delineados y con muy buen cuerpo, que en ese entonces contaba con 21 años de edad. Nació entre los años 1878-1879 y que sus padres fueron Antógenes Alvírez y Juana María León.
Hipólito Mendoza era un joven que se desempeñaba como jornalero en un campo agrícola y era un fiel pretendiente de Rosita Alvírez.
Aquel trágico día, salió Rosita con sus amigas a un baile que se celebraba en un lugar de la calle Almendrillas en honor al santo patrono del lugar “San Santiago”.
Todos sabían que por igual a Hipólito y a Rosita les encantaba bailar, llegó Hipólito a ese baile y a Rosa se dirigió, como era la más bonita, Rosita lo desairó. Apenado Hipólito la miraba y se preguntaba -volteaba hacia la concurrencia y no se explicaba- “Rosita no me desaires, la gente lo va a notar”, “pues que digan lo que quieran, contigo no he de bailar”, Hipólito desconcertado de profesión jornalero, tal vez de ahí el desprecio que le profesaba la joven y que para colmo Rosita volteaba en ese momento hacia donde estaban presentes otros jóvenes que la miraban y ésto… Hipólito lo notó, hechando mano a su cintura una pistola sacó y a la pobre de Rosita, nomás tres tiros le dió.
Se sabe que Hipólito la mató por celos -”su mamá se lo decía, Rosa esta noche no sales”- mamá no tengo la culpa, que a mí me gusten los bailes” y en otro verso mas menciona las advertencias de su madre “su mamá se lo decía, ya vez hijita querida, por andar de pispireta te habría de llegar el día, la mataron por bonita y por coqueta “Rosita le dice a Irene -no te olvides de mi madre, cuando vallas a los bailes no desprecies a los “hombres”- Rosita ya está en el cielo dándole cuentas al Creador. Hipólito está en la cárcel dando su declaración por su crimen -Hipólito fue sentenciado a 20 años de prisión y así fue que a mediados del año 1900 sucediera el horrendo crimen -el que fuera uno de los primeros feminicidios registrados en México y que después del asesinato Hipólito estuviera en prisión hasta 1911 cuando se sucedieron los movimientos de la revolución donde se pierde su rastro presumiblemente liberado junto con otros reos para incorporarse a las tropas revolucionarias.
Mientras transcurría ese tiempo, la hermana de Rosita, que se llamaba “Rosilita”, se había convertido en una muchacha de muy buen ver, y no se diga de un mejor tentar. Y sucediera que el día en que Hipólito cumpliera su sentencia y saliera libre, había baile en el barrio y se dispuso asistir -como ya dijimos antes los bailes le encantaban y bailando quería celebrar, cosas extrañas del destino- fíjese usted nomás en ese baile estaba Rosilita sentada cuando Hipólito apareció pa pronto sus amigas le dijeron. “Mira, Rosilita, ese hombre que está ahí es Hipólito Mendoza, el que mató a tu hermana Rosita, nomás porqué no salió a bailar con él. Rosilita guardó silencio y en suspenso todo quedó. Sus amigas se preguntaban que algo podía pasar.
En ese momento los ojos de Hipólito se fijaron en Rosilita y al mismo tiempo, sin mas ni más, dirigió sus pasos hacia ella. Y plantándose de frente le dijo con sonorosa y ruda voz: “¿Bailamos?”. Y Rosilita, más rauda que veloz, le contestó: ¡¡¡Ah, cómo chingao no!!!

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