Por miedo no dejamos huella

María Guadalupe Moreno Robles

El mejor escondite para el miedo
es la soledad.
Abre grieta en el corazón,
se desliza por las arterias,
recorre el esqueleto,
hunde aguijón en la pupila desvariada
y por fin
se desborda en lluvia salada…

Un suspiro luego,
un sorbo de café caliente y el miedo
acurrucado en el estómago.

La abeja en el rosal
aviva la sonrisa efímera en el rostro
marchito de soledad…

Y seguimos viajando al compás
de la rueda del miedo que nosotros
mismos parimos.

El parásito que hemos alimentado
chupa la luz de nuestra libertad.

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