Narradores norteamericanos… Tú eres el hombre (2)

Édgar Allan Poe

La gente de Rattleborough tenía en tan alta consideración la cordura y discreción del “viejo Charley”, que los más se manifestaron dispuestos a seguir sus consejos y no iniciar las investigaciones “hasta que hubiera alguna novedad, según sostenía el honesto caballero. Y estoy seguro de que esta decisión hubiera sido unánime, de no ser por la muyy sospechosa interferencia del sobrino de Mr. Shuttleworthym, joven de costumbres disipadas y de pésima reputación. Este sobrino llamado Pennifeather, no quiso escuchar razones ni “quedarse tranquilo”, sino que insistió en salir de inmediato a buscar el “cadáver del asesinado”. Esa fue la expresión que empleó y Mr. Goodfelow no dejó de hacer notar que “era una frase extraña por no decir más”. Semejante observación del “viejo Charley” provocó gran efecto en la multitud, y oyóse a uno preguntar de manera muy vehemente: “¿Cómo es posible que el joven Pennifeather esté tan bien enterado de las circunstancias de la desaparición de su tío, como para sentirse autorizado a afirmar claramente ha sido asesinado?” Siguieron picantes observaciones y controversias entre varios de los presentes, y sobre todo entre “el viejo Charley” y Mr. Pennifeather, lo que no causó sorpresa alguna, pues era bien sabida la animosidad que había entre ellos desde hacia varios meses. Las cosas habían llegado a tal punto que Mr. Pennifeather, en una ocasión, derribó de un golpe al amigo de su tío, acusándolo de algunos excesos cometidos en la casa de su pariente, donde se alojaba el joven. Se decía, que en esa ocasión, el “viejo Charley” había demostrado ejemplar moderación y cristiana caridad. Poniéndose de pie, sacudió sus ropas y no hizo la menor tentativa de devolver el golpe recibido, limitándose a murmurar unas palabras sobre sus propósitos de “vengarse en la primera oportunidad”, frase muy natural y atribuible a su colera, que no tenía ningún sentido especial y que, sin duda, había olvidado al momento.

Sean como fuesen aquellso incidentes (que no se erlacionan con lo que estamos relatando), los vecinos de Rattleborough terminaron dejándose convencer por Mr. Pennifeather, y decidieron dispersarse en las zonas adyacentes en busca del desaparecido. Esa fue la primera intención, pues parecía lo más natural que se dispersaran en distintos grupos que explorarían de manera minuciosa las regiones vecinas. Sin embargo, no sé por qué ingenioso razonamiento que he olvidado, el “viejo Charley” terminó convenciendo a la asamblea de que este plan no era el más adecuado. Al decir que los convenció excluyo a Mr. Pennifeather. El hecho es que al final se decidió efectuar una cuidadosa b´suqeda a cargo de los vecinos en masse, naturalmente el “viejo Charley” tomó la dirección.
Por lo que a esto último respecta, no hay duda de que el jefe era el más capacitado, pues todos sabían que el “viejo Charley” tenía ojos de lince. Pero, aunque los llevó a toda clase de rincones apartados, por caminos que nadie había sospechado jamás que existieran en la región y aunque la búsqueda continuó incesablemente noche y día durante más de una semana, fue imposible hallar huella de Mr. Shuttleworthy. Cuando digo “huella” no debe entenderseme literalmente, pues no dejaron de encontrarse algunas huellas. Las señales de las herraduras del caballo (que eran de un tipo especial) fueron seguidas hasta un lugar situado a tres millas al este del pueblo, sobre el camino real a la ciudad. Aquí se desviaban por un atajo que atravesaba un bosque y volvía a salir al camino real, ahorrando media milla del recorrido regular. Al seguir las pisadas por este sendero, el grupo llegó hasta un charco de agua estancada, oculto a medias por las zarzas a la derecha; en este punto se interrumpían las marcas de las herraduras.
Sin embargo, se advirtió que en el lugar había habido una lucha, y las señales evidenciaban que un cuerpo grande y pesado había sido arrastrado desde el sendero hasta el charco. Se procedió a dragar cuidadosamente este último, pero nada dio resultado. Se disponían todos a volver, desesperando de conocer la verdad, cuando la Providencia sugirió a Mr. Goodfellow la idea de desagotar el charco. El proyecto fue recibido con hurras y el “viejo Charley” muy elogiado por su sagacidad e inteligencia. Como muchos vecinos traían palas, por si debían desenterrar un cadáver, el desagotamiento pudo efectuarse rápida y eficazmente. Tan pronto quedó visible el fondo se vio en el centro del barro un chaleco de terciopelo de seda negra que casi todos reconocieron como de propiedad de Mr. Pennifeather. El chaleco estaba desgarrado y manchado de sangre.
Varias personas de la asamblea recordaban claramente que el joven lo tenía puesto la mañana de la partida de Mr. Shuttleworthy, mientras otros se manifestaban dispuestos a jurar que Mr. Pennigeather no había usado dicha prenda en ningún momento posterior a aquel día. Y no se encontró a nadie que afirmara haber visto al joven vistiendo el chaleco en cualquier momento que siguiera a la desaparición de Mr. Shuttleworthy.
Todo esto creaba una situación sumamente seria para el joven. Y como confirmación de las sospechas desatadas contra él, se vio que se ponía terriblemente pálido y no fue capaz de pronunciar una palabra cuando se lo urgió a que se explicara. Ante esto, los pocos amigos que su disoluta manera de vivir le habían dejado, lo abandonaron al instante y se mostraron todeavía más enérgicos que sus antiguos y reconocidos enemigos al demandar su arresto. (Continuará).

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