Allá hay quienes nos tienen ley

Silvia Rousseau

Tuve que ver para comprobarlo. El miedo a que me discriminaran por ser mexicana en los Estados Unidos era grande, pues fue desatada por esta ola de odio hacia nosotros, que aquí hemos estado siempre sin desearle mal a naiden, eso disminuyó, la tranquilidad y esperanza de que la sangre no llegue al río ha crecido, no mucho, pero creció.

En días pasados mi familia sonorense y la extranjera tuvimos una reunión en aquellas tierras, situación amenazante al ver las muestras de rechazo hacia este país, y ni modo allá fuimos.
Llegamos a una ciudad blanca, había caído una nevada en Colorado los últimos tres días, pero la calidez de la gente calmó mis temores. No sentí en ningún momento sentí animadversión hacia nosotros, ni hacia mi pronunciación del idioma inglés marcadamente sonorense; gringos, mexicanos, asiáticos y demás gentes me trataron igual que antes, amables, buena onda, tanto oldiescomojóvenes. La familia política de mi hija no habla español y se esfuerzan por decirnos algo en este idioma tan bello, nos quieren y respetan no me quedó duda, el que un sujeto se sienta casi un Dios y ha lanzado más amenazas que promesas en su deseo de poder, no ha tocado sus corazones buenos, como aseguró mi yerno en una carta que le escribí antes de ir a verlos, nosotros los queremos, mamá Silvia leí, y dos lagrimones se soltaron de mis ojos.
Atrás de la frontera hay una mezcla de sentimientos contrarios y no podemos ocultarlo, el futuro es una incógnita, sin embargo, me alegra saber que al menos en algunos rincones no sucede lo que aparece en los noticieros.
Regresamos sin novedad a nuestra casa, a nuestros problemas y con el país hecho un desastre, aunque lo habíamos dejado partiendo la rosca de reyes y a estas alturas lo encontramos partiéndose la… ¡Madre mía, qué vamos a hacer! ¿Qué viene mañana? Por el momento reclamar, sacar el enojo, ver por donde se le mete el agua al coco, no sé. Pero también son veinticuatro horas para trabajar más y mejor, hacer más grande la tortilla, recortar gastos y no perder el tiempo ni dinero en boberías, principalmente recomendado para los que manejan nuestras finanzas públicas;respetar las leyes, no hacer daño a los demás, cuidar la salud y no comprar cerveza sin haber comida en la olla, ni patear al perro, el pobre no tiene la culpa de lo que pasa. Intentar todo aquello que sigue siendo gratis y se encuentra dentro de nosotros, muchas veces nos hace reír y agradecer que todavía estamos vivos, hablo del amor, la amistad, el buen humor, estar con quien usted se sienta bien, aunque no siempre sea la familia, no hay una ley que obligue a que su tía o abuelo le caigan bien ¡caray!Ni se le ocurra decirle a su amigo en desgracia: échele ganas ¡Nooo!, es la peor recomendación porque ¿de dónde se sacan las ganas y para donde se echan? A mi entender, es físicamente un imposible y anímicamente es un recordatorio materno de alto contenido frustrante.

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