Dice el minicuento

J.C. Ruiz

 

Dice el minicuento, que a cierto pueblo grande, arribó un agente viajero, vendedor de artículos domésticos. Tipo muy bien parecido, tipo galán de cine, elegante y alto, de inmediato se alebrestaron desde luego, las muchachas casaderas, que se comunicaban las andanzas del sujeto en toda la ciudad. De pronto el CURITA de la parroquia principal comenzó a ver siempre nutrido de aquellas jóvenes mujeres, que hacían cola para entrar a su CONFESIONARIO y el Padrecito advirtió pronto, que todas confesaban sus ensueños, sus desvaríos nocturnos por aquel seductor y el Cura como era su deber, las amonestó severamente, diciéndoles más o menos a todas:
-¡Hija eso que confiesas de tus sueños y las demás cosas que desearías hacer con esa persona, son pecados mortales. Te conmino a que te comportes!…
Pero las cosas siguieron de mal en peor hasta que al Padrecito se le ocurrió imponerle fuertes MULTAS para bien de la Parroquia, a tantas pecadoras y de pronto comprobó el señor CURA, que gustosas pagaban y pagaban tantas MULTAS, hasta que un día visitó la iglesia el galanazo, a quien le pido el Padre que mejor se fuese del lugar cuanto antes. Y el galanazo, un lépero picudo e irresponsable aclaró al CURITA:
-¡Padre, yo me largo inmediatamente de este pueblo, siempre que usted me DE LA MITAD DE LAS MULTAS QUE SE HA EMBOLSADO…
J.C.Ruiz.

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