Las relaciones diplomáticas entre México con Estados Unidos…

Las relaciones diplomáticas entre México con Estados Unidos han sido marcadas durante 194 años por encuentros y desencuentros; su vecindad se ha caracterizado por guerras, despojos, desconfianza e incomprensión. Somos dos vecinos distantes, pero al fin vecinos.
Las relaciones, por supuesto, han variado a lo largo de los años en el contexto económico, social y político, pero hay algo que es asombroso constatar: nuestro país no ha logrado madurar su proyecto nacional sin injerencia del vecino del norte, aunque como Estado sea una entidad independiente. Para los estadounidenses México es el vecino incómodo, motivo por el cual las relaciones bilaterales están influenciadas y enfocadas en esa dirección, y esto no es de hoy, es de siempre.
En este sentido, lo que permea las relaciones diplomáticas no es producto de acciones sorpresivas, sino de un proceso ideológico, económico, demográfico y de supremacía que se ha venido gestando durante mucho tiempo, tanto así que con el arribo de Donald J. Trump a la Casa Blanca, México es presa de todos los demonios, la sinrazón y la intriga.
Este estado de cosas, desafortunadamente ha encontrado su momento y espacio para reproducirse, ya que la República está dividida por las diferencias ideológicas, económicas y políticas, de tal manera que si no hay consensos en torno a un proyecto de Estado para sortear la emergencia, entonces el país será una víctima del “trumpismo” al que poco le importa que las fracciones parlamentarias de la LXIII Legislatura de la Cámara de Diputados y la Comisión Permanente del Congreso de la Unión hayan aprobado un punto de acuerdo en el que manifiestan su enérgico rechazo a las declaraciones y amenazas del sucesor de Barack Obama.
Los congresistas mexicanos exigen se respeten los derechos humanos de los mexicanos en el extranjero, exigen que el próximo Gobierno se abstenga de aplicar medidas confiscatorias de las remesas que los mexicanos en Estados Unidos envíen a México, reclama el estricto cumplimiento del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y, ya encarrerados advierten que no habrá ni un solo peso para sufragar la construcción del muro fronterizo. Esa postura es muy positiva, pero la población quiere saber qué “as” traen bajo la manga, ya que para sostenerla se requiere la unidad nacional y actualmente las relaciones de la sociedad con el Gobierno y los representantes políticos están muy lastimadas.
Por eso es sumamente complejo idear un plan para evitar que las “garras del águila” estadounidense o del “bigstick” (gran garrote) nos horaden la piel sin ocasionar daño; México y los mexicanos estamos ante una situación muy peligrosa en la que el magnate neoyorkino, en un acto de prepotencia, autoritarismo y soberbia, quiere tratar a este país como “el patio trasero” de la nación más poderosa del mundo.
Por otro lado, Trump está iracundo porque en plena campaña presidencial nuestros ilustres diputados y senadores, y hasta algunos funcionarios del gabinete presidencial mexicano se atrevieron a mostrar sus “cartas de la baraja” poniendo al descubierto que la consigna era apostarle a Hillary Clinton, del Partido Demócrata, y ahora no encuentran cómo justificarse, ya que no ganó “la candidata blanca sino el colorado”. Fue un desacierto que puso en evidencia la ingenuidad y soberbia política, ya que en política nada se da por hecho hasta que está terminado.
Asimismo, en el arte del juego de la política suele ser frecuente que la realidad se tenga que descubrir entre varios escenarios, de tal manera que lo que se cree que es, no es; que lo que se cree que no es, sí es; y que lo que se cree que es, pues simple y sencillamente sí es.
Pero ¿Qué va a hacer México si las amenazas de Trump se desbordan? No queremos ni imaginar un enfrentamiento entre David contra Goliat, ya que el primero tuvo el apoyo de Dios, pero México de quién. Ni modos que de “Superman”: Eso es ficción.

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