Steinbeck y la submergencia

Juan E. Ramos Salas

En el transcurso de su creación, se aleja el pintor de su caballete para contemplar a la distancia su obra. Desde allí la observa, se abstrae y en el conjunto encuentra un detalle que falta, un giro que exalta, un elemento que amarra o un color que hace ruido. Vuelve entonces sobre el lienzo y agrega unas chispas de luz que son blanco, una silueta, algún personaje siniestro que complementa la placa.

Semejante procedimiento sigue elcompositor que fluye en su música y la navega; en determinado momento, en la apreciación completa de su melodía, sin verla un instante, sube una nota, la baja de tono y encuentra un bemol que colorea el sonido o da pie a una fuga por la que mana un nuevo torrente de sostenidos.
Ambos artistas, pintor y compositor, cuando así proceden se regodean en el acabado de sus creaciones, las pulen; terminan. No están nada lejso del escultor ni del dramaturgo, mucho menos del chef que en un solo platillo recrea sinfonías, acuarelas, óleos y hasta capillas sixtinas. Tampoco se diferencian del escritor, que para acabar ha de leer una y otra vez lo que lleva ya escrito, para despejar incógnitas y para dejar otras irresolutas.
Ya desde 1941 Steinbeck reporta el despojo que en el Golfo de Californai hicieron los japoneses con el permiso de las autoridades mexicanas. Hoy, casi ya no quedan peces ni nada en las aguas inquietas del mar bermejo.
Registra también desde entonces el autor de La Perla y de Al este del paraíso, la hipótesis de la submergencia, le llama, que sostiene que bajo la península hay un agujero, un gran túnel que conecta las aguas del golfo con las del Pacífico. Y esto lo sustenta con el hallazgo de que en la colección de invertebrados marinos, levantada durante todo el trayecto de su aventura, al norte de una latitud definida coincidían las especies en ambos lados de la península mientras que hacia el sur de esa latitud cercana a la de Bahía de Magdalena, las especies eran otras, distintas.
-¿Cómo es que llegaron hasta estos septentrionales sitios las miradas de mohiscos, erizos, gusanos, cangrejos, si es tan elevada la cordillera que hace de línea continental en el medio de la península? ¿Recorrerían la costa con la ayuda de las mareas, todo el litoral hacia el sur más austral, le dieron la vuelta a Cabo San Lucas, pasarían por la Paz y Mulegé, hasta arribar al paralelo de inicio?-, se preguntaaba Steinbeck.
La hipótesis de la submergencia también la sustentan algunas leyendas que todavía circulan de boca en boca, como la de las ballenas que fueron vistas en el Pacífico y luego encontradas, la misma tarde, en la parte norte del mencionado sobaco en este urmbo del mundo. Y si muchos no creen en la existencia de estos túneles en la Baja, que se vayan a Tijuana, diría una muy agresivo, pero esos túneles tienen otro propósito.
Cuando en la mera zozobra, a la vuelta ya del logro anhelado, después del climax que significó la estancia en el Tecomate añorado, en lo más fuerte del bamboleo marino, un gran consuelo y aliento me dio recrear la historia que me platicó don Antonio, sobre los delfines. En el umbral del delirio, mi mente se embriagó con la idea de que si reventaba la quilla, tal vez una escuela, cardumen, multitud, caterva o muchedumbre de delfines y marsopas nos escoltarían bajo las aguas, luego de sufrir el sofoco y la asfixia en el remolino, hasta llegar a un ancho pasaje, incrustado en sus bordes de preciosas rocas multicoloers, por el que íbamos, hallando negros zafiros, verdes topacios, amarillo esmeraldas, azules turquesas y amatistas violetas, encendidos rubíes, dorados diamantes y brillantes cristales, en ese túnel aparentemente oculto y misterioso en cuyo final emergíamos hacia un universo más amable y distinto.
Ya me sentía jubiloso en el mundo de la creación y del arte cuando encontré entre las imágenes labradas por mis pensamientos a dos naves veloces, repletas de cargamento. No está peladito llegar a Utopía, lamentablemente.
No obstante bien vale la pena el intento. En la proyección visualizas, vislumbras, imaginas, percibes, dejas por fin este mundo matraca y comienzas a imaginar lo que tanto deseas, que no haya hambre ni guerras, ni odios ni sufrimientos, tampoco violencia, ni complejos, envidias, robos, corajes.
Que sólo haya gozo, sonrisas, disfrute. El paraíso.

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