Las inquietudes de una lágrima

Las inquietudes de una lágrima

José María Ruiz C.

Se empezó a formar en el ojo derecho de la mujer. La humedad que lo rodeaba fue tomando volumen y las partículas acuosas se reunieron en la comisura interior de ese bello ojo. El proceso de gestación había iniciado y no se detendría. Una gruesa lágrima tomó forma, primero tímidamente y posteriormente con generosidad hasta que alcanzó las dimensiones que le permitían emprender su camino. Sólo que al tomar forma, también tomó conciencia de sí misma y un mar de inquietudes se hizo presente.

“¿Qué es lo que ocurre?, ¿cómo surgí?, ¿cuál es mi función?” Eran las preguntas que se hacia a sí misma la recién nacida lágrima. No entendía muchas cosas y todo le parecía nuevo. Sabía que un azaroso camino la esperaba, el cual irremediablemente tendría que recorrer. Lentamente se desprendió del ojo que le dio vida y empezó a deslizarse con mucha suavidad. El contacto con la piel de la dama le dio más información de su entorno. Se dio cuenta que había surgido de un ser vivo. Hizo un breve alto en su camino y volteó para tratar de encontrar respuesta a sus múltiples preguntas.
Lo que la lágrima vio la dejó perpleja; a lo lejos vio un par de ojos amables y de una belleza indescriptible. Algo parecido a una puesta de sol con dos astros en el horizonte. Sobre ellos unas largas y fuertes pestañas se extendían como brindando protección a tan portentoso paisaje. Sin embargo, esos ojos tan llenos de belleza, desprendían una mirada sumamente triste. Miraban a los lejos a un punto indefinido como tratando de alcanzar el infinito. La lágrima percibió esa infelicidad que reflejaban ese par de estrellas y así conoció lo que era la tristeza. Definitivamente había un ser invadido por la tristeza y ella había surgido de ese ser. “¿Cómo puede ser esto?, ¿quién es este ser del que surgí?, ¿por qué percibo tanta melancolía?”; tales, eran las interrogantes que no encontraban respuesta en tan minúscula conciencia.
Una vez observado este panorama, la solitaria lágrima decidió reemprender su camino. ¿Qué otra cosa podía hacer? En su lento andar tuvo tiempo para reflexionar, y de tanto pensar, supuso que ella era la causa de dicha desgracia para ese ser que le había dado vida. La culpa se fue metiendo en su cristalino organismo y la ansiedad hizo que se detuviera por segunda ocasión. Fijó su atención en el camino andado y se dio cuenta que por donde ella había transitado se había formado un sendero totalmente limpio y libre de impurezas. Tan despejado vio ese camino que decidió desandar sus pasos para as´´i poder mitigar el dolor de aquella mujer. Algo tenía que hacer por ese ser y la decisión que acababa de tomar le pareció de lo más lógica.
Tomó fuerzas de la creciente culpa que la inundaba y se impulsó hacia arriba luchando contra la gravedad. Nada, absolutamente nada logró avanzar. Realizó un segundo esfuerzo en el que puso toda su energía y se impulsó de nuevo. Ni un ápice se movió. De esta manera la preocupada lágrima conoció la impotencia. Quería ayudar a resolver un problema del alma y por más que se esforzaba no podía.
En ese titánico esfuerzo se encontraba cuando a lo lejos ve aparecer una hermana lágrima deslizándose suavemente sobre una distante mejilla. La observa y se da cuenta de que su gemela no posee ninguna duda. Avanza a paso lento, pero con una seguridad que impresiona a la primogéntia. Y en ese luminoso instante, como en una revelación, desaparecen sus dudas e inquietudes y le encuentra sentido a su vida. Interrumpe su lucha contra la gravedad y se deja ir con la satistación de haber encontrado su cometido; fluir y sacar la tristeza de quien la creó.

Dejar un Comentario