La caída de PEMEX y la fábula de Esopo

Los mexicanos vivimos en el país de los refranes y los dichos, algunos muy creativos y jocosos, otros, aparentemente sin sentido e impregnados con el lastre de la mediocridad; sin embargo, el tono, el sentido con el que se utilizan, pueden hacer renacer la esperanza o conducir a una situación desesperada como si se estuviera en una encrucijada o en un callejón sin salida, y eso, el acabose, es lo que el Ejecutivo Federal intenta decir al difundir que a México, prácticamente, se le ha acabado “la gallina de los huevos de oro”: El petróleo.

Con esas frases tan “chispeantes”, el ex presidente José López Portillo se rompió también las vestiduras para “defender el peso como un perro”, el expresidente Miguel de la Madrid difundió que sacaría “el buey de la barranca” y el actual presidente de la República nos sale con la fábula de Esopo.

Pero algo ha de existir en el fondo como para ilustrarnos. Y es que volviendo a nuestra realidad: Cantarell, el complejo petrolero más importante, registra actualmente la producción de 200 mil barriles diarios cuando en sus etapas de mayor auge aportaba hasta dos millones 100 mil barriles al día; lo mismo está sucediendo con el Ku-Maloob-Zaap, cuya producción de 800 mil barriles ha comenzado a achicarse. Por eso los ingresos petroleros, además del aumento en los costos de producción y la inestabilidad en los precios, también se están achicando.

La gallina ya no pone huevos de oro, sino los tradicionales que, por cierto, nos los venden a precio de oro por los aumentos desorbitados en los precios.

De hecho lo dicho por el Ejecutivo Federal no es nuevo, su antecesor el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa ya lo había advertido: “El petróleo se nos está acabando”, pero el fácil, el localizado en aguas someras a baja profundidad; sin embargo, no hizo lo necesario para que la paraestatal Petróleos Mexicanos (PEMEX) accediera a los recursos financieros que necesitaba para nuevas exploraciones y la adquisición de tecnologías de vanguardia para la explotación en aguas profundas; lo mismo se ha hecho en el sexenio actual, sólo que con la Reforma Energética, aunque tiene potencial para generar cambios positivos en el país, tienden a establecerse gradualmente las bases para traspasarle el negocio a los inversionistas extranjeros.

Este panorama no significa, por supuesto, que el país se ha quedado sin petróleo, ya que tiene reservas probadas por 10 mil 247 millones de barriles, sólo que estas se agotarán en ocho años si no son restituidas con nuevos descubrimientos; por otra parte aunque las reservas probables y posibles de hidrocarburos son altas –entre ellas el petróleo crudo-, el Gobierno insiste que no hay dinero público para esa industria.

En otras palabras, aunque “la gallina de los huevos de oro” puede continuar poniendo huevos, a como están las cosas, los gobernados tendremos que hacernos a la idea que esa riqueza energética se ha esfumado: “se nos acabó, no hay más, debemos enfrentar el futuro sin petróleo”.

Así que a México y los 122 millones de mexicanos, algo nos dice que traemos todo en contra, tanto así que el ya próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nos asusta hasta con su mirada. Ya veremos, pues, cómo le hace para construir el muro fronterizo, dado que “los mexicanos no van a pagar ni un dólar”, porque para empezar se nos muere “la gallina de los huevos de oro” y no hay dinero para dárselo a vecino tan “amistoso”.

¿Qué debemos esperar del futuro? Tan lejos de Dios y tan cerca del vecino de al lado.

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