La realidad trumpiana y la crisis que viene

Donald Trump está en boca de todos, y es que poco a poco la amenaza de lo que podía pasar si se permitía la llegada de este señor a la Presidencia de los Estados Unidos comienza a materializarse como lo peor que le podría pasar a México… Y a Estados Unidos.

Y mire, lo gracioso es que a estas alturas hace un año pocos creían que las intenciones de Donald Trump de convertirse en candidato y posteriormente en presidente fueran a llegar a tal extremo.

Lo peor del caso es que muchas voces de alerta se levantaron, la de quien escribe entre ellas, señalando lo grandes riesgos de permitirle a un personaje como el empresario neoyorquino tener siquiera la posibilidad de competir, en especial porque su discurso de odio lo convertían en una eventual amenaza contra el mundo entero, simplemente porque su retórica, y su ignorancia, alimentadas por la ignorancia y extremismo de quienes lo votaron, representan un proceso similar al que ha ocurrido en otros lugares del mundo cuando los extremistas de derecha, es decir los fascistas, han asumido el poder.

Pero mire, creo que lo más triste es lo que viene ocurriendo con el gobierno de nuestro país que ha sido tan timorato, que no ha querido entender ni ver los grandes peligros que la relación con Trump pueden implicar.

De hecho creo que al presidente Peña Nieto —el hoy presidente electo— le dio el beso de la muerte y fue tan ingenuo al respecto, que ni siquiera entendió que su papel, fue ser su patiño, y encima quien hizo el papel de propiciador, no fue otro que Luis Videgaray, quien fue premiado de regreso al gabinete presidencial y con la Secretaría de Relaciones Exteriores, y peor aún con el encargo del presidente Peña Nieto de construir una relación lo mejor posible con quien ahora aparece como el victimario de México.

Qué es lo que va a suceder a partir del 20 de enero, la verdad es que es imposible decirlo, lo que sí tengo claro es lo que está ocurriendo hoy, con un Gobierno en plena descomposición, que no se da cuenta del nivel de crisis política que enfrenta y que en lugar de organizar un plan de acción ante la amenaza trumpiana, parece estar organizando un plan en contra de los mexicanos, adoptando medidas tan lesivas y peligrosas para la economía como el gasolinazo.

Y luego encima, en lugar de reconocer el error, ahora diseña pactos absurdos, que no sirven para nada, pretendiendo que con anuncios mediáticos y acuerdos cupulares, las cosas se van a resolver.

El asunto señores, es que necesitamos de un líder que sea capaz de conducir a este país en una etapa oscura, en donde el vecino a veces amistoso, ahora nos hace la cara chueca y pretende que los mexicanos somos la causa de todos sus males.

Lo peor es que desde la Presidencia de la República dan por sentado que la relación con los Estados Unidos va a seguir tal cual, y no se han dado cuenta de que las cosas cambiaron desde que el presidente electo comenzó su ofensiva contra la economía de México y las inversiones extranjeras que han estado por aquí aprovechando nuestra riqueza y nuestra mano de obra, pero que como buen capital externo, tiene la capacidad de juntar sus fierros y retirarse, lo que terminará por ocurrir si a don Donald se le ocurre endurecer su política fiscal y regresar al proteccionismo, aspecto del que está a un solo paso.

Trump ha sido verdugo ya del peso, que pasó de un valor de 17 unidades por dólar, hasta los 22 de hoy en unos cuantos meses y si ahora vemos la idea de que el precio del dólar se quede en 20 pesos como el mejor escenario posible, es porque tendemos a olvidar que hace 4 años se ubicaba por abajo de los 14 pesos.

En pocas palabras nuestra economía está mostrando sus debilidades y la fragilidad implícita de la falta de diseño de una política económica que nos lleve hacia alguna parte.

Y para cerrar el tema por hoy, en México el modelo de lo que veníamos haciendo desde hace 22 años está por quebrarse y tenemos dos opciones, ponernos a llorar o bien trabajar en el diseño de un plan que nos permita sacudirnos el polvo de la caída en que estamos de facto y seguir adelante.

El detalle es que no hay piloto, ni tripulación que asuman el mando de momento. Mi pregunta es si aguantará el país 18 meses a las elecciones del 2018, si nuestro vaso casi vacío acabará por romperse en mil pedazos antes de ese plazo.

Al tiempo.

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