Debe consensuarse un pacto auténtico

Es lamentable que el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar tenga tantas fisuras, que antes de empezar a caminar, esté a punto de hacerse añicos con motivo de sus deficiencias e insuficiencias. Y es que los problemas que asfixian al país –no solo económicos- reclaman de un pacto auténtico en el que participen y se comprometan todos los actores de la sociedad mexicana, de tal manera que se amplíen las áreas de oportunidad para enfrentar y solucionar este estado de crisis.

En este sentido, nos parece que la improvisación y precipitación, pero también la irresponsabilidad y el descuido, conspiraron para que el documento suscrito dejara un amargo sabor de boca, ello independientemente de su inocultable rechazo por “errores de planteamiento” de actores claves como es el caso de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) o por la ofensa y “ninguneo” que se sembró en el ánimo de la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), ya no se diga de los partidos políticos y las organizaciones sociales no gubernamentales.

Para la COPARMEX el documento original era polarizante, ya que se culpaba a los empresarios de las alzas en los precios y se instaba a la sociedad a que fuera vigilante para evitar aumentos; pero lo más preocupante es que el acuerdo fue selectivo, es decir sumó a unos pocos y dejó fuera a los muchos.

Esto, sin embargo, no significa que no haya aún espacios para propiciar un debate nacional para conocer la opinión de la gente, pero también determinar lo que estaría dispuesta a hacer o sacrificar para lograr la recuperación económica del país. Creemos que un desacierto grave es no auscultar a la opinión pública. Las etapas críticas por las que se ha pasado han logrado superarse porque la gente ha participado hasta el sacrificio, ello cuando se le ha hablado claro y se le ha bosquejado la magnitud de los problemas.

No obstante ¿Qué es lo que está sucediendo? El Estado –como Gobierno- ha estado enviando señales erróneas, al minimizar las protestas ciudadanas, por eso no sorprende que carezca de capacidad para solucionar la crisis, máxime que para avanzar en esa dirección es requisito indispensable contar con la participación de las mayorías.

Pero también se necesita algo más: Liderazgo, es decir la habilidad para guiar, influir y convencer a la gente a sumar esfuerzos y voluntades en torno a la consecución de un proyecto de beneficio común. Un buen líder es un estratega, sabe comunicarse, es creativo, no se aterra al tomar decisiones y es portador de una imagen que irradia honestidad y una alta sensibilidad ante los problemas sociales. Desafortunadamente en la reunión para rubricar el multicitado acuerdo para el fortalecimiento económico no faltaron los corifeos que se dieron a la tarea de adular, en lugar de hacer propuestas para fortalecerlo.

De ello que, en principio, el pacto no haya recibido la aprobación ciudadana y ante lo cual podría quedar en un listado de buenas intenciones, cuando el Ejecutivo Federal tiene la imperiosa necesidad de reconciliarse con los gobernados. Ese acercamiento es un reclamo nacional y no es discutible.

Por otra parte, el Gobierno de la República debe de cumplir sus compromisos poniendo freno al endeudamiento público y accionar medidas para implementar una política fiscal, monetaria y financiera que se complemente de manera efectiva con la transparencia y el combate a la corrupción; no es bien visto, por ejemplo, que en 2016 se haya anunciado con “bombo y platillo” una política de austeridad y finalmente el Gobierno, a través de sus dependencias, se haya excedido –como siempre- en sus gastos. ¿A qué se está jugando?

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